Ruralidad extrema y modernidad: una reflexión en torno al valle de Tudanca

Extreme rurality and modernity: a reflection on the Tudanca Valley

Jesús Salas-Bustamante

Universidad de Cantabria

Facultad de Filosofía y Letras

Avda. de Los Castros, 52. 39005 – Santander

sindiu@hotmail.com

ORCID: https://orcid.org/0009-0002-9985-0365

Fecha de envío: 18/9/2025. Aceptado: 4/6/2026

Referencia: Santander. Estudios de Patrimonio, 9 (2026), pp. 517-536.

DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2026.sep.09.15

ISSN-L e ISSN 2605-4450 (ed. impresa) / ISSN 2605-5317 (digital)

Resumen: El concepto de ruralidad extrema define a espacios rurales que en la actualidad se encuentra en una grave crisis poblacional, social y económica que arrastran desde hace casi medio siglo. Este artículo pretende repensar el concepto de atraso que acompaña a la ruralidad extrema desde una perspectiva de la modernidad, considerando la ruralidad como una alteridad del progreso construida durante los últimos doscientos años. Para ello, se realiza una reflexión sobre el valle de Tudanca, un territorio expresivo de ruralidad extrema que ha sido objeto de investigación desde hace más de un siglo.

Palabras clave: ruralidad extrema; atraso; Tudanca; modernidad; alteridad; desarrollo rural.

Abstract: The concept of extreme rurality refers to rural areas that are currently experiencing a severe demographic, social, and economic crisis that has persisted for nearly half a century. This article seeks to rethink the notion of backwardness traditionally associated with extreme rurality from the perspective of modernity, considering rurality as an otherness of progress constructed over the past two centuries. To this end, the paper offers a reflection on the valley of Tudanca, a territory that exemplifies extreme rurality and has been the subject of scholarly research for more than a century.

Keywords: extreme rurality; backwardness; Tudanca; modernity; otherness; rural development.

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1. Introducción

El concepto de ruralidad ha recogido diversas acepciones desde que fue utilizado por primera vez por las ciencias sociales a finales del siglo XIX. Inicialmente, el estudio de la relación urbano-rural se centraba en las unidades de producción y la identidad grupal, estableciendo una dualidad que definía dos mundos opuestos.1 Sin embargo, esas primeras formulaciones fueron evolucionando a lo largo del siglo XX, al tiempo que el entorno rural se transformaba profundamente por el colapso de las comunidades agroganaderas. Los cambios productivos y comunitarios obligaban a reformular las bases de lo rural, obligando a abordarla desde una perspectiva global, valorando las profundas relaciones con el mundo urbano y como un fenómeno complejo y variado. La sociología y las políticas europeas de los años 80 abandonaron las visiones productivistas y pasaron a definir lo rural en base a datos demográficos y territoriales, transformando la dicotomía en un gradiente de ruralidad.2

A pesar de la flexibilidad de las nuevas formulaciones, la mayoría de los autores coinciden en que todavía existe un tipo de ruralidad en el que confluyen todos los elementos que se le atribuían tradicionalmente: comunidades de modo de vida relacionado con la actividad agropecuaria, con intereses colectivos compartidos en el aprovechamiento del territorio, regulación de la ayuda mutua, relaciones sociales basadas en la interacción primaria y existencia de actitudes cooperativas no exentas de conflictividad. Frente a la vitalidad de las nuevas ruralidades, estas comunidades se encuentran sumidas en una grave crisis debido al abandono productivo, la falta de servicios y los difíciles accesos.3 Fuertemente afectadas por la despoblación e incapaces de integrarse en las dinámicas urbanas, se ha producido una dislocación de sus estructuras sociales y económicas que las sitúa como territorios subalternos, marginales dentro de la sociedad actual.4 Es la denominada ruralidad extrema o de desconexión5 o zona rural a revitalizar,6 también definida como rural remoto, estancado,7 o rural agrario crítico.8 Avocadas al despoblamiento9 y localizadas principalmente en zonas de alta montaña, se las vincula al concepto de “sociedades tradicionales” que “siguen contando más con el pasado que con el futuro”.10 Unos espacios definidos como atrasados, cuya marginalidad se atribuye al atavismo de sus estructuras comunitarias y su incapacidad para la innovación y la adaptación.

Para revertir esta situación de marginalidad, los espacios rurales europeos han sido objeto de numerosos proyectos de desarrollo a lo largo del último siglo. En la actualidad, todas las administraciones públicas dedican numerosos recursos a estos planes y las políticas territoriales son uno de los pilares básicos de la Unión Europea,11 pero la situación de marginalidad continúa y no se han modificado las dinámicas demográficas, sociales y económicas. Las causas de este fracaso son muy variadas y tienen su origen en una falta de comprensión del entorno rural, sus necesidades y prioridades.12 Un distanciamiento que tiene unas raíces profundas.

Históricamente, las sociedades agrarias se han desenvuelto en tensión frente a modelos extracampesinos, ya fuera el feudalismo, la monarquía autoritaria o el estado liberal.13 Sin embargo, la llegada de la modernidad supuso un cambio cualitativo al convertir la ruralidad en alteridad de la idea de progreso, un “otro” interno frente al que construirse. Durante este proceso, se instauró un privilegio epistémico14 por el que las prácticas y conocimientos de los entornos rurales eran descartados del modelo de desarrollo, negando su contemporaneidad y reduciéndolos a un estado de primitivismo productivo, cultural y social.15 Este alejamiento del concepto de progreso está en el origen del conflicto y la sensación de abandono que existe en el mundo rural.16

El objetivo del presente artículo es reflexionar sobre la situación actual de este conflicto y sus orígenes en el pasado, aportando un nuevo enfoque a la ruralidad extrema desde una mirada antropológica.

2. El valle de Tudanca

El valle de Tudanca es especialmente apto para realizar una reflexión sobre este conflicto. Por un lado, por ser un caso nítido de ruralidad desconectada, tanto en lo social como en lo cultural (lengua, tradiciones) y en lo productivo (extensivo, comunal). Por otro, porque, durante más de dos siglos, los tudancos han sido objeto de estudio por parte de literatos, eruditos y antropólogos que han contribuido a su descripción y análisis.

Situado en la parte central de la Cordillera Cantábrica, en el curso alto del río Nansa, sus 54 km2 de extensión están marcados por una orografía extrema que define su territorio y poblamiento. El valle del Nansa es un valle en V producido por la erosión del río a lo largo de los siglos, con apenas 200 metros en su base pero que gana altura a gran velocidad hasta alcanzar cumbres de más de 1000 metros. Longitudinalmente, solo está abierto al norte, ya que su parte sur está cerrada por la hoz de Peña Bejo. A lo abrupto del relieve se une un clima de alta montaña con inviernos fríos, largos y lluviosos y veranos frescos y cortos, con escasa insolación y nieblas abundantes. Este marco geográfico determina la estructura de poblamiento, identificándose el espacio físico y el social con precisión absoluta.17

Este entorno físico solo permite la siembra de pequeños huertos, cereales de baja calidad y, a partir del siglo XVII, el maíz. Las limitaciones de cultivo se compensan con grandes espacios de monte, que la acción del hombre ha ido convirtiendo en prados y brañas de gran calidad forrajera. Estos condicionantes ecológicos han abocado al valle a una economía basada en la híper-especialización ganadera, muy dependiente del mercado y necesitada de la emigración temporal o permanente como elemento estructural para equilibrar los déficits productivos.

A pesar de sus limitaciones estructurales, la economía tudanca logró adaptarse a los cambios a lo largo de los siglos. Sin embargo, el sistema productivo colapsó en la década de 1960 por la creciente distancia respecto a los centros urbanos, el aislamiento derivado de la pérdida de las principales vías de comunicación y el progresivo declive de la ganadería extensiva, dando paso a un intenso proceso de despoblamiento.

Tudanca ha sido objeto de estudios etnográficos desde los albores de la antropología científica, y su imagen ha estado modelada por su condición de objeto de estudio. El origen de este interés se remonta a la obra de Pereda, atravesada por aspectos etnográficos en sus descripciones costumbristas, pero la llegada de José María de Cossío a la Casona intensificará el interés por el valle.

Aurelio M. Espinosa, profesor de la universidad de Stanford, fue el primer investigador que realizó trabajo de campo etnográfico en Tudanca. En 1920 fue comisionado por la American Folklore Society para investigar la literatura oral de España y, aconsejado por Ramón Menéndez Pidal, contactó con José María de Cossío para comenzar su recopilación de cuentos. Consideraba que era entre individuos poco formados en donde mejor se conservaba esta literatura oral, por lo que buscaba entre gente mayor y de estrato humilde.18 En sus visitas a Tudanca iba precedido por Cossío, quien le indicaba quiénes podían ser los mejores informantes. Las formas lingüísticas transcritas muestran una clara adaptación de los informantes a las expectativas del investigador.19

Posteriormente, el propio José María de Cossío recopiló vocabulario dialectal en Tudanca20 y el valle fue elegido localidad de recogida de datos de la primera edición del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica.21 El trabajo lingüístico más exhaustivo fue el realizado por Ralph Penny,22 en el que el vocabulario escogido y la elección de los informantes proyectan una visión muy específica de los tudancos y de su lengua.23 William Christian visitó Tudanca en esa misma década interesado en la religiosidad popular, integrándose en la vida local y produciendo un exhaustivo análisis antropológico del valle.24

3. Un espacio en crisis

Actualmente, el valle de Tudanca sufre una situación de crisis en múltiples aspectos. En los aspectos demográficos, no solo muestra una caída de la población en la serie histórica (87% menos que en 1950), sino que otros parámetros actuales como la tasa de masculinidad, el crecimiento vegetativo o la tasa de reposición muestran datos extremos. En 2024, Tudanca contaba con una población de 157 personas, de las que menos de un tercio eran mujeres. La estructura de edad refleja una pirámide poblacional muy envejecida, con más del 60% de la población por encima de los 50 años y una tasa de masculinidad del 68%, cuando la de Cantabria es del 48%. La población máxima estacional25 es de 549 habitantes, triplicando su población estable. Todos estos datos hacen que sea un municipio declarado en grave riesgo de despoblamiento por el gobierno de Cantabria.26

Económicamente, cuenta con una renta media de 13 000€ per cápita, el noveno ayuntamiento más pobre de la comunidad, situándose en posiciones similares a los valles vecinos.27 Esta renta se ve compensada con una baja tasa de desigualdad interna según el índice Gini. Su economía está basada en las rentas pasivas, ya sean jubilaciones, pensiones, prestaciones sociales o subvenciones (a la ganadería o al empleo a través de las brigadas municipales) y la tasa de paro alcanza el 22%, todos ellos mayores de 45 años. Entre los asalariados, abunda el precariado en sectores de la construcción o la asistencia. Aunque la ganadería no es la actividad mayoritaria ni principal, sigue teniendo mucho peso en comparación con su entorno y determina su vida diaria. La ganadería define los usos del espacio, involucra a mano de obra voluntaria en ciertos periodos (principalmente familiar) y mantiene su fuerza como componente identitario.

Sin embargo, el agrosistema que sostiene a esta ganadería se ha simplificado y la gestión del territorio ya no es la tradicional.28 El espacio explotado se ha reducido y sus características se han transformado, desapareciendo zonas de pasto y aumentando la masa arbolada o baldía. El número de explotaciones se ha reducido drásticamente y las que subsisten lo hacen con la introducción de métodos de manejo similares a las grandes explotaciones de zonas bajas.29 El pequeño ganadero, mayoritario hasta la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, ha desaparecido prácticamente.

En 2022 la cabaña ganadera estaba compuesta por 727 vacas, 470 caballos, 39 ovejas y 41 cabras. Las rentas ganaderas se obtienen por la venta de jatos de corta edad, apenas unos meses, lo que genera menos carga de trabajo, pero también menos valor añadido. El número de cabezas de equino ha aumentado en los últimos años por su mayor comodidad en la cría (necesitan menos atención en el monte) y la demanda de mercados exteriores (principalmente Francia e Italia)

Socialmente, el valle es dependiente de otros centros de población para la mayoría de los servicios básicos como educación, sanidad y compras. Solo se conservan algunos espacios de socialización propios muy debilitados, como las tabernas (solo en Tudanca y La Lastra) y la iglesia.30 También existe un consultorio de apertura semanal y una farmacia, cuyo dinamismo ha relanzado su rol comunitario.

Esta situación de crisis convierte a Tudanca en un lugar marginal sujeto a numerosos conflictos. La conflictividad interna siempre ha sido un elemento estructural en estos valles por la competencia por el espacio productivo,31 pero en las últimas décadas se ha recrudecido frente al exterior. Al igual que otros valles de características similares, se ha convertido en espacio de ocio o segunda residencia, valorado solo como reserva natural y cultural para esparcimiento de los núcleos urbanos, lo que provoca tensiones al imponerse una gestión del territorio alejada de las necesidades locales en aspectos como las quemas, el control de las alimañas o la sanidad animal. Estas comunidades se han transformado en espacios patrimonializados convertidos en fuentes etnográficas y de identidad, pero sumidas “en una sensación de marginalidad y derrota”.32

Uno de los factores de conflicto más acusados son las quemas de monte como herramienta de gestión del territorio. Durante siglos, el fuego ha sido utilizado para regenerar los pastos que, por lo común, se mantenían en buen estado por la acción del ganado, pero la reducción de la cabaña ha provocado la aparición de grandes porciones de monte sin explotar, por lo que el uso del fuego se ha multiplicado. Suelen ser fuegos de baja intensidad, en laderas al sur ocupadas por brezo o monte bajo pero solo se autorizan con numerosas restricciones. El distinto grado de percepción de su peligrosidad hace que se utilicen sin control y se conviertan en arma contra la intrusión en la vida de estas comunidades.33

La gestión del lobo supone también un punto de fricción porque las políticas de protección chocan frontalmente con los ganaderos, que ven al animal exclusivamente como un perjuicio económico. Desde tiempo inmemorial, los lobos han sido una de las principales amenazas para la ganadería extensiva y durante todo el siglo XIX y XX fue un problema recurrente34 hasta que, en los años 60, casi se llegó a su extinción. El despoblamiento fue relajando la presión sobre el cánido, hasta que comenzó a observarse como un elemento de biodiversidad a conservar en los años 80, llegándose a la prohibición total de caza en 2011. En 2022 se produjeron en Tudanca 47 ataques de lobo que mataron 9 vacas y 34 caballos,35 además de los perjuicios causados al dispersar las reses. La creciente presencia de ganado equino ha provocado también que aumente su impacto, ya que son presas más fáciles para los lobos.36 El furtivismo ha aparecido como medida de control autónoma ante la sensación de indefensión. 37

La cabaña ganadera se ve amenazada también por las medidas de sanidad animal para acabar con enfermedades como la brucelosis, endémica en el valle. Las políticas europeas de erradicación resultaban infructuosas por lo que a principios del siglo XXI se tomaron medidas drásticas para su eliminación, lo que llevó a la pérdida de cabañas enteras.38 Otras medidas de control animal como las guías y las vacunas generan numerosos trámites administrativos que se perciben como trabas a la actividad habitual y los retrasos en el pago o denegación de subvenciones implican poner en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones.

El comienzo de esta crisis puede datarse a mediados del siglo XX cuando, aupado por las obras de los Saltos del Nansa, el valle albergaba más del doble de vecinos que un siglo antes. El territorio era incapaz de absorber tanta población manteniendo el modelo de ganadería extensiva, incluso recurriendo a la emigración. Las situaciones de necesidad, cuando no de hambre,39 produjeron una emigración permanente masiva que la posterior mejora de la situación económica no pudo frenar. La salida de los miembros más activos de la sociedad, la dureza de la vida ganadera y la búsqueda de mejoras en la educación redujo drásticamente la población40 y provocó el colapso definitivo del sistema social local.

4. Las causas del conflicto: la alterización del valle de Tudanca

Las causas profundas de la situación actual pueden rastrearse en un proceso histórico en el que, a través de diversas rupturas o distanciamientos, la modernidad va imponiendo su visión del mundo, arrinconando los aspectos productivos, sociales y culturales locales.

La primera ruptura se produce en el siglo XVIII y afecta al modelo productivo. Durante siglos, el crecimiento económico de Tudanca se había realizado aumentando el factor tierra y convirtiendo en pastos nuevos terrenos ganados al monte, pero ya en el siglo XVI se observa que se han alcanzado los límites de esa expansión.41 La competencia por el espacio productivo lleva a la conflictividad: primero con valles vecinos y, posteriormente, entre los distintos pueblos del mismo valle. Un proceso que se agudiza con el dinero repatriado por los emigrantes, que invierten en la intensificación del sistema mediante la introducción de más ganado.

Un punto de inflexión en este modelo se produce a finales del XVII, cuando Juan García de la Cuesta adquiere 350 vacas con el dinero traído de América.42 La introducción de este ganado aumentó exponencialmente la presión sobre el territorio, apareciendo intentos por apropiarse de comunes para la explotación intensiva y luchas entre los distintos lugares del valle por defender sus derechos de pasto. El siglo XVIII se convierte en una sucesión de pleitos por el espacio dentro del marco de los usos y costumbres recogidos en las ordenanzas.

Estos conflictos ilustraban que la acumulación de capital por parte de la élite local no podía realizarse dentro del sistema productivo ganadero del valle, por lo que comienza a desplazarse a otras actividades externas. Así, cuando Pascual Fernández de Linares43 regresa de Indias en 1752, no invierte su capital en la producción ganadera local, sino en préstamos y propiedades en Castilla. Este proceso se agudiza durante el siglo XX, cuando la élite local está representada por José María de Cossío y Antonio Crespo,44 ambos ajenos a actividades ganaderas.

En paralelo a esta crisis productiva, se produce una crisis en las estructuras comunitarias con la aparición del liberalismo, que trastoca la vida local en dos planos: el económico, extendiendo la propiedad individual y la economía de mercado; y el ideológico, expandiendo el liberalismo centralizador.

El capitalismo inicia su expansión en el siglo XIX con la destrucción de las estructuras comunales de propiedad y la disolución de las sociedades precapitalistas para crear el mercado, único medio de garantizar el progreso. La tierra deja de organizarse según el factor social para quedar supeditada al mercado, lo que, en su traslación a la producción ganadera, significaba abandonar los modelos comunales-extensivos e imponer los individuales-intensivos.45

También la legislación liberal pone su foco en la privatización de los comunales, vistos como trabas al desarrollo económico.46 El proceso de cercamiento de prados comunes se venía produciendo desde el siglo XVI, pero se trataba de apropiaciones aisladas e individuales, ligadas principalmente a la presión de las élites locales en busca de un mayor rendimiento económico. Sin embargo, durante el siglo XIX estas apropiaciones toman rango de leyes en forma de desamortizaciones, tanto de bienes eclesiásticos como de comunales. Estas políticas, que afectaban a los aspectos nucleares de su organización social, se enfrentaron a resistencias exitosas y, en el caso de Tudanca, lograron mantener el prau conceju, máximo exponente de la explotación comunal.47

Esta resistencia no fue solo en el plano práctico, sino que fue desarrollada teóricamente por parte vecinos de estos valles en lo que podríamos definir como pensamiento fronterizo, ya que se oponía a las ideas impuestas desde una perspectiva local apartada de la modernidad. Gervasio González de Linares, cabuérnigo y hermano del creador de la Estación Martítima del Cantábrico, fue un agrónomo que propuso medidas para la mejora productiva basándose en los usos consuetudinarios, pero sus ideas fueron rechazas en la época.48

A pesar del mantenimiento de grandes extensiones en régimen de gestión comunal, el estado liberal transformó el marco institucional de forma irremediable. La desaparición de los concejos y su sustitución por ayuntamientos y juntas vecinales hizo decaer las ordenanzas que llevaban siglos vigentes y, sobre todo, desplazó la responsabilidad de gran parte de la gestión del territorio a centros de poder externos.

Frente a la ola uniformizadora del liberalismo aparecen otras resistencias como el romanticismo, que implica la búsqueda del espíritu de cada pueblo en las prácticas culturales que se mantenían al margen de los cambios. Aunque aparentemente opuesto al proyecto de modernidad, en realidad se alinea con él porque sigue profundizando en la alterización de los espacios rurales, al reducirlos a depósitos culturales. Ahonda en la percepción de estos espacios como objetos y, aunque los valoriza como fuente de identidad, refuerza su papel de alteridad sobre la que construirse.

Estas ideas románticas están representadas en Tudanca en la obra de Pereda, principal escritor costumbrista de Cantabria. De ideas políticas tradicionalistas, sus obras fluctúan entre el realismo en la descripción de los tipos y costumbres y el idealismo que acompaña a sus novelas, pretendidas justificadoras de un orden social anterior. Peñas Arriba es su obra más conocida y se localiza precisamente en Tudanca, elegida por sus características peculiares: un lugar apartado y alejado de los cambios traídos por el liberalismo, tanto en el plano económico como social.49

La novela relata el periplo personal del joven urbano, culto y pretendidamente sofisticado que viaja a Tablanca para heredar la titularidad de la Casona. Espejo de la dicotomía urbano-rural, Marcelo pasará del desprecio inicial a la alabanza y la aceptación de una vida y un orden social tradicional. La orografía tiene un papel central en este plan estético y de reivindicación social,50 y el duelo entre modernidad y tradición lo sostienen don Celso (dueño de la Casona) y Marcelo (el heredero), contando como secundarios a un reducido número de personajes ligados a actividades no ganaderas, como el médico o el sacerdote. Los tudancos son relegados a figurantes o paisaje, y poco hay en la novela sobre sus inquietudes e intereses más allá de su relación con don Celso y su capacidad de intercesión.

Este espíritu perediano es continuado por José María de Cossío, heredero de la Casona que convierte a Tudanca en escenario de sus relaciones personales y epistolares con numerosos artistas y literatos. Durante sus estancias en el valle, los tudancos son objeto de estudio en sus investigaciones folklóricas o etnográficas como hombres primitivos, restos culturales y morales de un mundo ya desaparecido. Pero también caracterizados por su individualismo e insolidaridad51 y herederos de comportamientos sociales rechazables, como su tendencia a pleitos y recomendaciones.52

Unamuno también reflexiona sobre Tudanca durante sus estancias en la Casona, invitado por Cossío. En sus artículos se recrea en la genealogía de los Cuesta y los aspectos orográficos del valle, pero relega a sus habitantes a un segundo plano, rechazando su contemporaneidad. Los tudancos quedan reducidos a un primitivismo que los condena al mecanicismo social, como meros reproductores del depósito cultural recibido.

“Y en la paz solemne de aquellos eternos parajes, bajo la mansa cúpula del cielo, sostenida por las cimas montañosas, ocurre pensar si son otros los vivos que fueron los muertos, si no es una misma generación la que bajo diversas figuraciones se sucede, si los tudancos de 1923 no son los mismos que vio y oyó Pereda […] los mismos que se defendieron de la morería en tiempos del rey don Pelayo, los mismos que en Cantabria lucharon contra el poderío de Roma. ¿Historia? Allí todo es prehistórico, o mejor, para decirlo con términos que puse en circulación, todo es intrahistórico”.

“Esa sutil distinción entre sentimientos y pensamiento no existe en la psicología de estos primitivos hijos de las montañas. Sienten pensando y piensan sintiendo. Ni se detuvieron en el momento estético o contemplativo. Su espíritu es económico, en el sentido que a esa designación da Croce. Y no se sabe si es que piensan con el corazón o es que sienten con el cerebro”.53

5. Los planes de desarrollo rural

La industrialización y urbanización que afectaron a la región Cantábrica a principios del siglo XX cambiaron por completo la mayoría de los espacios rurales de la cordillera. Los más cercanos a los núcleos irradiadores de ambos procesos se adaptaron y asumieron funciones complementarias de los mismos: se transformaron en territorios periurbanos por efecto de la difusión residencial o se desarrollaron gracias a la demanda generada por éstos, especialmente de leche y sus derivados. Los valles más alejados de esos centros, incapaces de encontrar un papel activo en el nuevo modelo, cayeron en una profunda depresión. En el caso de Tudanca, la debilidad del potencial industrial de San Vicente de la Barquera y Cabezón de la Sal, los dos núcleos urbanos más cercanos, impidieron su integración en el nuevo marco productivo provincial.

El primer gran intento de desarrollo exógeno vino de la mano de la autarquía de posguerra con el proyecto hidroeléctrico de los Saltos del Nansa. Concebido para aprovechar la fuerza de todo el río desde su cabecera, las obras implicaron la construcción de varios embalses de reserva y un canal, conectando las diferentes centrales hidroeléctricas situadas en su curso. La fase de construcción de esta infraestructura produjo un resurgir de la economía local y la posibilidad de dedicarse a otras actividades no ganaderas, dando lugar a la aparición de los obreros mixtos, tan comunes en otras zonas de la Marina de Cantabria.54 Sin embargo, la finalización de las obras y la automatización de la mayoría de los procesos hizo caer rápidamente el número de trabajadores en esta actividad, no existiendo actualmente ningún puesto de trabajo estable a pesar de la magnitud de las instalaciones.55

No sería hasta los años 80 cuando, en el marco del ingreso en la Comunidad Europea, se relanzarían los proyectos de apoyo rural que aún están en marcha. Considerado como una de las políticas estructurales de la UE, la Política Agraria Comunitaria (actualmente en su plan estratégico 2023-2027) contempla dos objetivos que inciden especialmente en estos valles: el apoyo a la producción ganadera y al desarrollo rural.

El apoyo a la ganadería se concreta en subvenciones por terrenos (derechos de pasto y hectáreas trabajadas) y por cabezas de ganado, así como otros elementos de cuantía menor, como el pago por nodrizas, ayudas a los jóvenes o al no uso de químicos en el tratamiento de los suelos. Un sistema muy reglamentado y que supone una gran carga burocrática para los ganaderos, pero al que resulta imprescindible adaptarse ya que puede llegar a suponer hasta el 80% de los ingresos en algunas explotaciones.56

La financiación de otras iniciativas económicas se articula a través del FEADER (Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural), fondo estructural agrícola de la Unión Europea cofinanciado por la propia UE y los estados miembros. Sus recursos se gestionan mediante los programas LEADER (Liaison Entre Actions de Développement de l'Économie Rurale), que promueven la iniciativa desde el territorio a través de grupos de acción local. En el caso de Tudanca, la gestión de estas ayudas recae en la Asociación de Desarrollo Rural Saja-Nansa, constituida en 1992 por los municipios de la comarca, que orienta los proyectos principalmente hacia el fomento del turismo y la cultura (incluyendo programas de empleo, alojamiento, actividades, restauración patrimonial y museos).

A estos programas de iniciativa pública se unió la Fundación Botín, que eligió el valle del Nansa y Peñarrubia para poner en marcha un proyecto dentro de su programa de desarrollo rural en 2004. Con el objetivo de potenciar su economía y fijar la población en zonas rurales despobladas, el proyecto proponía identificar los recursos, analizar sus potencialidades y realizar una propuesta de intervención a medio y largo plazo. La primera fase consistió en la elaboración de informes identificando los elementos históricos, patrimoniales, artísticos y geográficos que configuran el territorio, editándose posteriormente en forma de monografías.57 Tras este análisis, las ayudas se concretaron con el programa Nansaemprende, facilitando la puesta en marcha de negocios, formación y creación de redes de ayuda. Este proyecto se ha convertido en otra línea de apoyo para creación de empresas y negocios partiendo de los potenciales locales y con vistas a la fijación de población y actividad.

El impacto de los planes de desarrollo ha sido poco productivo en muchos aspectos ya que la mayoría de las iniciativas económicas han fracasado. En ocasiones, los resultados son positivos en un primer momento y permiten inferir su éxito a muchas instituciones, pero su escasa durabilidad hace que no tengan repercusión a medio o largo plazo.58 Solo los planes ligados a la construcción o rehabilitación parecen dejar una impronta duradera en cuanto a actividad y conservación del patrimonio. Tampoco las políticas autonómicas y estatales han sido exitosas: convertidas en complemento de los principales programas europeos, en muchas ocasiones son erráticas y con escaso impacto.59 La propuesta de la Fundación Botín de elaborar un Plan Especial de Protección de los valles del Nansa, pensado como un instrumento para la conservación del territorio, ha quedado aparcada.60

Solo la PAC (Política Agrícola Común) se mantiene como un pilar insustituible dentro de las políticas de apoyo económico, siendo inviable la implantación de explotaciones sin estas ayudas. El reverso de este éxito es la instauración de una cultura de subvenciones que genera malestar con los órganos administrativos, recelos por la gestión y sensación de injusticia en los repartos. Sus estrictos marcos reglamentarios resultan poco incentivadores para la intensificación económica y generan una sociedad pasiva,61 no habiendo servido para revertir ninguna de las tendencias económicas y demográficas que se observan desde hace 40 años.

6. Conclusiones

La situación actual de crisis en la ruralidad extrema no es un mero declive económico y poblacional derivado de la urbanización e industrialización de mediados del siglo XX, sino la etapa final de un proceso de alterización que comenzó con la llegada de la modernidad y su concepto de progreso.

Numerosos autores cuestionan la consideración del progreso como un proceso único y lineal y la idea de desarrollo/atraso que la acompaña. El desarrollo definido en estos términos se transforma en privilegio epistémico que arrincona formas productivas y usos sociales definidos como atrasados, rechazando la capacidad de producir conocimiento a las comunidades que las practican. Esta subalternidad aboca a la ruralidad a un estado de culpa producido por la imposición de la civilización a los considerados primitivos, que aceptan su derrota asumiendo la modernidad como redención. Una redención para llegar a la cual son necesarios sacrificios personales y renuncias a prácticas culturales propias. El resultado son sociedades disminuidas, sin capacidad de socialización interna ni transmisión cultural. De culturas subalternas a culturas marginales.

Como alternativa al concepto de atraso, cabría plantearse observar las comunidades de ruralidad extrema como sociedades duales, en las que conviven la modernidad y formas de pensamiento subalternas.62 Una coexistencia asimétrica, especialmente visible en la percepción del territorio: concebido como espacio productivo sujeto a explotación por las comunidades locales frente a la visión naturalista y patrimonial dominante. Diferente percepción de los problemas, riesgos y fortalezas del entorno que provoca una desigual valoración de uso del territorio, especialmente visible en cuestiones como la gestión del lobo o las quemas. No porque estas comunidades carezcan de una visión conservacionista, sino porque no consideran que sus prácticas pongan en riesgo los equilibrios ecológicos y productivos locales.63

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  1. 1 GÓMEZ PELLÓN, Eloy, “Ruralidad y discurso: del caso español al de Cantabria”, Revista de Antropología Iberoamericana, 7/3 (2012), pp. 295-326.

  2. 2 GÓMEZ PELLÓN, Eloy, “Estrategias frente a la despoblación: el caso del commuting en un área de ruralidad extrema del norte de España”, Ager: Revista de estudios sobre despoblación y desarrollo rural = Journal of depopulation and rural development Studies, 34 (2022), pp. 47-75. CALATRAVA REQUENA, Javier, “El despoblamiento de las zonas rurales: comentarios sobre algunas estrategias para frenarlo”. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 72/229 (2024), pp. 277-302.

  3. 3 GARCÍA BARTOLOMÉ, Juan Manuel, “Sobre el concepto de ruralidad: crisis y renacimiento rural”, Política y Sociedad, 8 (1991), pp. 87-94.

  4. 4 ORTEGA VALCÁRCEL, José, “Procesos de cambio en las áreas rurales cantábricas”, en CORBERA MILLÁN, Manuel, Cambios en los espacios rurales cantábricos tras la integración de España en la UE, Santander, Universidad de Cantabria, 1999, p. 243.

  5. 5 CAMARERO RIOJA, Luis (coord.), La población rural de España. De los desequilibrios a la sostenibilidad social, Barcelona, Fundación La Caixa, 2009.

  6. 6 BOE, Ley 45/2007 de 13 de diciembre para el desarrollo sostenible del medio rural.

  7. 7 MOLINERO HERNANDO, Fernando, “El espacio rural en España: evolución, delimitación y clasificación”, Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada, 58:3 (2019), pp. 19-56.

  8. 8 ORTEGA VALCÁRCEL, José, “Procesos de cambio en las áreas rurales... ”, pp. 237-250.

  9. 9 RECAÑO VALVERDE, Joaquín, “La sostenibilidad demográfica de la España vacía”, Perspectives Demografiques, 7 (2017), pp. 1-4.

  10. 10 GÓMEZ PELLÓN, Eloy, “Un mundo rural sin fronteras: de la sostenibilidad social a la cohesión territorial”, en VICENTE RABANAQUE, Teresa; GARCÍA HERNANDORENA, María José; VIZCAÍNO ESTEVAN, Antonio (coords.), Antropologías en transformación: sentidos, compromisos y utopías, Valencia, Universidad de Valencia, 2017, pp. 1528. GÓMEZ PELLÓN, Eloy, “Un mundo rural en cambio: sobre la modernización cultural y la nueva colonización”/ A rural world in change: on cultural modernisation and new colonisation”, en NOGUÉS LINARES, Soledad (ed.), El futuro de los espacios rurales / The future of rural areas, Santander, Universidad de Cantabria, Ministerio de Educación y Ciencia y Parlamento de Cantabria, 2004, pp. 301-326.

  11. 11 GÓMEZ SÁNCHEZ, Yolanda, Despoblación, cohesión territorial e igualdad de derechos, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Territoriales, 2023.

  12. 12 Joaquín Calatrava identifica diversos factores como las rigideces burocráticas-administrativas, la apuesta por la cofinanciación, la escasa dotación y la necesidad de cierto dinamismo en los territorios. Un dinamismo que no existe en el rural profundo, ya muy degradado después de treinta años de decadencia; CALATRAVA REQUENA, Javier, “El despoblamiento de las zonas rurales...”, p. 290.

  13. 13 GARCÍA ALONSO, Manuel, Etnoarqueología de la montaña cántabra: hitos, señales y referencias culturales, Santander, Tantín, 2022.

  14. 14 PETRUCCELLI, Ariel, “Teoría y práctica decolonial: un examen crítico”, Políticas de la memoria, 20 (2020), pp. 45-62.

  15. 15 MIGNOLO, Walter, Historias locales, diseños globales: colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo, Madrid, Akal, 2003.

  16. 16 DE LANGE, Sarah y HUIJSMANS, Twuan, “La fractura urbano-rural y el auge de la extrema derecha en Europa”, Anuario Internacional CIBOD, 1 (2024), pp. 156-158.

  17. 17 ORTEGA VALCÁRCEL, José, Cantabria rural: sobre La Montaña, Santander, Universidad de Cantabria, 1987.

  18. 18 En Santander recogió cuentos en la Casa de los Pobres e incluso ofrecía dinero a los entrevistados; ESPINOSA, Aurelio Macedonio, Cuentos populares españoles. Recogidos de la tradición oral de España, Madrid, CSIC, 1947; ESPINOSA, Aurelio Macedonio, The floklore of Spain in american Southwest, Oklahoma, Oklahoma University Press, 1958, p. 41.

  19. 19 La relación entre investigadores e informantes aparece literariamente tratada en la novela La nagulina, en la que dos estudiosos buscan el origen de una palabra escuchada a una persona del mundo rural: “es más malo que la nagulina”. Un continuo choque de expectativas entre entrevistadores y entrevistados que, tras muchas elucubraciones, lleva a una conclusión decepcionante para los primeros: la nagulina no es ningún ser mitológico ni personaje de cuentos, sino una deformación de Ana Bolena; CUBRÍA, Francisco, La nagulina, Santander: Ediciones Cantabria, 1950.

  20. 20 COSSÍO, José María de, “Aportación al léxico montañés”, en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, 9 (1929), pp. 115-122.

  21. 21 En esta primera edición del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, realizada en los años treinta, participó el propio hijo de Aurelio Espinosa realizando las encuestas de Tudanca.

  22. 22 PENNY, Ralph, Estudio estructural del habla de Tudanca, Tübingen, Max Niemeyer, 1978.

  23. 23 En el vocabulario recogido se describen minuciosamente aperos y accidentes orográficos, pero no se pregunta por progresos técnicos o trabajos fuera del contexto agroganadero. De los siete informantes principales de Penny, cinco son hombres y dos, mujeres; cuatro superan los 70 años, siendo solo uno menor de 40. La selección de informantes NORM (nonmobile, older, rural males), es un sesgo habitual en los estudios dialectológicos; VILLENA-PONSODA, Juan Andrés, “Community-based investigations: from traditional dialect grammar to sociolinguistic studies”, en AUER, Peter; SCHMIDT, Jürgen Erich, Space and language: an international handbook of linguistic variation, Berlín, Walter de Gruyter, 2010, pp. 613-631.

  24. 24 CHRISTIAN JR., William A., Religiosidad popular: estudio en un valle español, Madrid, Tecnos, 1978.

  25. 25 Concepto estadístico que considera a las personas vinculadas al municipio por trabajo, estudios o estancia de más de 14 días al año.

  26. 26 Orden PRE/1/2025, de 2 de enero, por la que se aprueba la Delimitación de Municipios Afectados por Riesgo de Despoblamiento en Cantabria.

  27. 27 De los 102 municipios de Cantabria, Polaciones es el cuarto más pobre y Rionansa, el vigesimoprimero.

  28. 28 A pesar de la recurrente apelación a las costumbres tradicionales, las prácticas actuales están alejadas de los usos históricos, que en gran parte se han perdido. Incluso ha desaparecido el valor reverencial que poseía el ganado, lo que ha dado lugar a casos como la muerte de reses por desatención; VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, Iago, Aprendizaje histórico en la gestión de bienes comunales: los pastos en Cantabria (España), tesis doctoral, Universidad de Cantabria, 2016, p. 361; E.G.Z., “La Guardia Civil investiga a un hombre por dejar morir a una vaca y un ternero en Tudanca”, El Diario Montañés, Santander (27 de mayo de 2024), https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/guardia-civil-investiga-hombre-dejar-morir-vaca-20240527122246-nt.html

  29. 29 La viabilidad de las explotaciones va ligada a la construcción de grandes naves para estabular el ganado, la introducción de maquinaria y, en ocasiones, la compra de pienso o forraje.

  30. 30 Lastrada por la baja participación y la poca estabilidad de los párrocos, la iglesia solo mantiene su centralidad e importancia durante las fiestas patronales.

  31. 31 La conflictividad entre adultos productivos es constatada por Christian y se mantiene en la actualidad; CHRISTIAN JR., William A., Religiosidad popular..., p. 46; “Condenados dos ganaderos de Tudanca que se atacaron con palos por unas reses”, Europa Press Cantabria, (2 de septiembre de 2015), https://www.europapress.es/cantabria/noticia-condenados-dos-ganaderos-tudanca-atacaron-palos-reses-20140902193403.html

  32. 32 ORTEGA VALCÁRCEL, José, “Procesos de cambio en las áreas rurales...”, p. 240.

  33. 33 “Cuatro detenidos por 11 incendios forestales en Tudanca y Polaciones donde ardieron 446,77 hectáreas”, Europa Press Cantabria, (24 de octubre de 2024), https://www.europapress.es/cantabria/noticia-cuatro-detenidos-11-incendios-forestales-tudanca-polaciones-donde-ardieron-44677-hectareas-20241024141931.html

  34. 34 Durante todo el siglo XIX son habituales las noticias en la prensa sobre los estragos causados por lobos y osos así como la solicitud de intervención por parte de las autoridades.

  35. 35 Informe anual del Plan de Gestión del lobo 2023-2024.

  36. 36 Las yeguas son menos protectoras con los potros que las vacas y se dice que tienen una carne “más dulce” que atrae a los lobos.

  37. 37 Censo del lobo 2024 elaborado por el Gobierno de Cantabria.

  38. 38 La Unión Europea declaró a Cantabria como zona libre de brucelosis en 2021; “Casi 80 vacas más serán sacrificadas tras confirmarse brucelosis en todas las explotaciones del pasto de Tudanca”. Europa Press Cantabria, (17 de enero de 2013), https://www.europapress.es/cantabria/noticia-casi-80-vacas-mas-seran-sacrificadas-confirmarse-brucelosis-todas-explotaciones-pasto-tudanca-20130117142000.html

  39. 39 Las situaciones de escasez no eran desconocidas ya que se producían periódicamente desde al menos el siglo XIX, llegándose a episodios puntuales de hambre; “Provincias: si la provincia de Santander se ve en el día amenazada del hambre...”. La Iberia, Madrid, (6 de septiembre de 1856).

  40. 40 Entre 1965 y 1985, la mano de obra agraria europea se redujo a la mitad; GARCÍA BARTOLOMÉ, Juan Manuel, “Sobre el concepto de ruralidad...”, pp. 87-94.

  41. 41 Durante los diferentes pleitos con Treceño en el siglo XVI, el principal argumento de los tudancos para impedir el uso de sus pastos es la escasez que tienen y la imposibilidad de recurrir a otras actividades fuera de la ganadería.

  42. 42 Extrapolando datos del Catastro de Ensenada, estas reses significarían un aumento del 30% de la cabaña ganadera del valle; LINARES GÜEMES, Antonio, “Las 350 tudancas de los García de la Cuesta”, Ascagén, Revista de la Asociación Cántabra de Genealogía, 28 (2022), pp. 9-56.

  43. 43 Indiano fundador de la Casona a mediados del siglo XVIII que llegó a gobernador de El Callao.

  44. 44 Comerciante de origen pasiego casado con una tudanca logró reunir un considerable capital a partir de la actividad comercial, acaparando casas y terrenos. Envuelto en numerosos pleitos y querellas, se decía de él que “el pasiego no era de Tudanca, sino Tudanca del pasiego”.

  45. 45 “Lo que el blanco practica aún hoy coyunturalmente en tierras lejanas, concretamente la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra, lo han hecho también los blancos en el siglo XVIII sobre poblaciones blancas con los mismos objetivos”; POLANYI, Karl, La gran transformación: crítica al liberalismo económico, Madrid, La Piqueta, 1989, p. 271.

  46. 46 Todavía en los años 50 se seguía instando a la privatización de comunales en Cantabria por ser ”prácticas consuetudinarias poco rentables”; VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, Iago, Aprendizaje histórico..., p. 28.

  47. 47 La resistencia del poder local se debía más a un cálculo de interés propio que a una defensa de los intereses de la comunidad, ya que consideraban más beneficioso mantener las tierras comunes, de las que hacían más uso al tener cabañas ganaderas mayores.

  48. 48 El carácter rupturista de sus propuestas se puede rastrear hasta la actualidad, ya que incluso la edición crítica de su obra en 1998 caracteriza su impugnación de la modernidad como un defecto de comprensión; GONZÁLEZ DE LINARES, Gervasio, Una visión del mundo ganadero montañés, Santander, Universidad de Cantabria, 1998.

  49. 49 El modo de producción comunal, el conservadurismo y la fuerte jerarquía social, reforzaban su imagen de espacio pre-liberal.

  50. 50 BONET, Laureano, “Hacia Peñas Arriba: Pereda y la tierra”, en CLARKE, Anthony, Peñas Arriba cien años después, Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 1997.

  51. 51 COSSÍO, José María de “La basna”, en Homenaje a don Luis Hoyos Sainz II, Santander, Gráficas Varela, 1950.

  52. 52 CRESPO LÓPEZ, Mario, José María de Cossío: vida hasta la guerra civil, Madrid, Icom Global, 2010, p. 36.

  53. 53 UNAMUNO, Miguel de, Paisajes del alma, Madrid, Revista de Occidente, 1944, p. 20 y 39.

  54. 54 RIVAS RIVAS, Ana, Antropología social de Cantabria, Santander, Universidad de Cantabria, 1991.

  55. 55 La explotación hidroeléctrica es arquetípica de zonas consideradas “basurero” del desarrollo y genera problemas por el acaparamiento de agua, reducción de caudal de los ríos, modificación de los cursos o mala gestión de riadas; DELGADO, Jesús, “La Guardia Civil denuncia a una hidroeléctrica por desviar 24 ríos”, El País, Madrid (19 de junio de 2000), https://elpais.com/diario/2000/06/19/sociedad/961365607_850215.html; MAZORRA, Roberto, “Un río expoliado y en manos privadas. El negocio del Nansa”, Diagonal Cantabria, septiembre-octubre 2009, https://es.scribd.com/document/20824677/Articulo-Problematica-del-Nansa-Diagonal-Cantabria

  56. 56 Aunque este porcentaje puede variar mucho según el tamaño de la cabaña, en zonas de alta montaña es habitual que puedan superar el 50% de los ingresos totales.

  57. 57 Valle del Nansa y Peñarrubia (3 vols.), Santander, Fundación Botín, 2013; Valoración del patrimonio territorial y paisajístico: valle del Nansa y Peñarrubia (7 vols.), Santander, Fundación Botín, 2009.

  58. 58 Muchas iniciativas desaparecen tras el periodo de obligatoriedad al que van vinculados los proyectos. Así por ejemplo, la restauración de viviendas destinadas inicialmente a alojamientos públicos y que son revertidas a uso privado o el cierre de negocios tras escasos años de funcionamiento.

  59. 59 Acciones como las subvenciones a festejos taurinos o la instalación de marcos de metal generan dudas sobre la utilidad de estos programas; MARTÍNEZ, Daniel, “Oleada de críticas por la instalación de dos marcos gigantes en Carmona y Villacarriedo”, El Diario Montañés, (20 de enero de 2022), https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/oleada-criticas-instalacion-20220120204023-ntvo.html; CAMPO, Lucio V. del, “50.000 euros en cinco municipios para luchar contra la despoblación con festejos taurinos”, El Diario Montañés, 24 de diciembre 2024, https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/50000-euros-cinco-municipios-luchar-despoblacion-festejos-20241224072153-nt.html

  60. 60 La ausencia de protección está provocando la degradación de elementos singulares como los invernales, de gran valor arquitectónico y paisajístico; RUIZ DE LA RIVA, Eduardo; CABANAS MORENO, Eduardo; FERNÁNDEZ LASTRA, Pedro; MATA OLMO, Rafael, “Territorio y paisaje: notas metodológicas en torno al Plan Especial de Protección de los Valles del Nansa”, Ciudad y territorio: Estudios territoriales, 184 (2015), pp. 357-374.

  61. 61 El complejo marco regulatorio permite conseguir un rendimiento óptimo (en relación ingresos-trabajo) en niveles de productividad y producción bajos, por lo que la renuncia a la intensificación productiva se convierte en una decisión racional.

  62. 62 Estas formas de pensamiento han sido en ocasiones catalogadas como premodernas, con todo lo que eso implica de negación de los aspectos positivos de la modernidad.

  63. 63 Tanto el número de lobos como la masa arbórea ha aumentado objetivamente en las últimas décadas y cada vez es mayor el espacio baldío que revierte a monte. Cuarto inventario forestal. Disponible en https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/cantabria_tcm30-531784.pdf.

Fig. 1. Evolución de la población. Elaboración propia. Fuente: ICANE