Cementerios históricos de Valparaíso, Chile. Gestión de un patrimonio en riesgo
Heritage cementeries of Valparaiso, Chile. Management of a heritage site at risk
Marco Valencia Palacios
Universidad Central de Chile
CEAUP (Centro de Investigación Arquitectónica, Urbanística y del Paisaje)
Edificio Vicente Kovacevic I (VKI). Av. Santa Isabel 1186, Santiago, Chile
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5675-0981
Fecha de envío: 29/10/2025. Aceptado: 23/6/2026
Referencia: Santander. Estudios de Patrimonio, 9 (2026), pp. 401-440.
DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2026.sep.09.11
ISSN-L e ISSN 2605-4450 (ed. impresa) / ISSN 2605-5317 (digital)
Este trabajo se enmarca en el Proyecto de investigación Fondecyt regular Diagnóstico del estado de conservación y puesta en valor del patrimonio funerario chileno. Estudio del proceso de patrimonialización de cementerios tradicionales del norte, centro y sur del país, n.º 1241421, financiado por ANID, 2025-2027.
Resumen: El artículo se pregunta por los factores que explican la crisis que actualmente afecta a los dos cementerios patrimoniales de Valparaíso de administración municipal. Se trata de los cementerios N.º 1 y N.º 2, creados en 1825 y 1845. Se analizan las problemáticas de gestión de los bienes patrimoniales, desde la declaración de monumento nacional en 2005. La metodología propone un análisis histórico, territorial, estudio crítico del estado de conservación y entrevistas semiestructuradas a actores. Se concluye que, pese a la alta valoración social, los cementerios se encuentran en avanzada situación de abandono y deterioro debido a un conjunto de condiciones estructurales.
Palabras clave: Patrimonio funerario; Gestión; Cementerios; Valparaíso; Chile.
Abstract: The article examines the factors behind the crisis currently affecting the two heritage cemeteries in Valparaíso, which are administered by the municipality. These are cemeteries N.º 1 and N.º 2, created in 1825 and 1945. The issues surrounding the management of heritage assets are analyzed, starting with their declaration as national monuments in 2005. The methodology proposes historical and territorial analysis, critical study of the state of conservation, and semi-structured interviews with stakeholders. It is concluded that, despite their high social value, cemeteries are in an advanced state of neglect and deterioration due to a combination of structural conditions.
Keywords: Funeral heritage; Management; Cemeteries; Valparaíso; Chile.
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1. Introducción
El artículo presenta parte de los resultados de una investigación sobre la gestión del patrimonio funerario chileno. En específico se abordan los casos de estudio de los dos cementerios de Valparaíso de administración municipal que están bajo protección legal por la normativa chilena. Se trata de los cementerios N.º 1 y N.º 2, cuyo origen se remonta a 1825 y 1845, respectivamente. El texto se pregunta por los factores que explican la crisis que actualmente afecta a ambas necrópolis, dando cuenta de un conjunto de variables que contribuyen en el estado de abandono y deterioro que presentan los camposantos. Para ello el artículo pone el foco en las problemáticas de gestión de los bienes patrimoniales contenidos en las necrópolis, analizando los avatares del proceso de patrimonialización que inicia con la declaración de monumento nacional de ambos cementerios en 2005. Además, se propone una interpretación de sus valores y atributos presentes, considerando las amenazas y riesgos presentes en el marco de la crisis. Del mismo modo, se realiza un análisis general del estado de conservación de ambos monumentos. Finalmente se analizan las percepciones de los actores sociales determinantes en la gestión patrimonial de ambas necrópolis.
En términos metodológicos la investigación se inspira en la propuesta de Herrera1 y también en la elaborada para una investigación que abordó la gestión patrimonial en el caso del Cementerio General de Santiago de Chile.2
La investigación adopta un enfoque cualitativo de carácter interpretativo, orientado a comprender la configuración histórica, morfológica y patrimonial de los cementerios del Cerro Panteón. Para ello se articula un diseño metodológico mixto, que combina análisis documental, producción primaria de información y evaluación crítica del estado de conservación. En una primera fase, se trabajó con fuentes secundarias, monográficas y documentales, incluyendo planimetrías históricas, ordenanzas, registros municipales, fotografías de época, bibliografía especializada e informes y proyectos de organismos públicos. Este corpus permitió reconstruir el proceso de patrimonialización y la historia reciente de las necrópolis, proporcionando la base para los capítulos históricos y de contextualización. La segunda fase consistió en la producción primaria de información, mediante un levantamiento cartográfico y planimétrico elaborado a partir de vuelos de dron, complementado con un registro visual sistemático mediante fotografía arquitectónica y de detalle. Este trabajo in situ permitió caracterizar la morfología del conjunto, su estructura en terrazas, los sistemas de circulación y las relaciones espaciales con el entorno urbano. Finalmente, para la evaluación del estado de deterioro, se desarrolló un estudio crítico de una muestra representativa de sepulturas, seleccionadas según tipologías previamente definidas. Cada unidad fue analizada mediante fichas de valoración, que registran patologías, niveles de afectación, condiciones materiales y grado de integridad formal. Este procedimiento permitió establecer patrones de deterioro y problemáticas de conservación relevantes para la interpretación patrimonial del sitio.
En conjunto, estas estrategias —documental, cartográfica, visual y diagnóstica— conforman una metodología robusta que sustenta los distintos capítulos del artículo y permite una lectura integral del Cerro Panteón como paisaje funerario y patrimonio urbano.
En la etapa final, se realizan entrevistas semiestructuradas a un conjunto de informantes clave seleccionados según los perfiles definidos en el mapa de actores. Este tipo de entrevista combina preguntas guía con la posibilidad de profundizar en temas emergentes, lo que permite comprender cómo distintos actores perciben y experimentan el fenómeno estudiado. Posteriormente, las respuestas se organizan en una matriz de análisis de discurso, herramienta que facilita identificar patrones, tensiones y criterios compartidos que son relevantes para la interpretación arquitectónica y urbana del caso.
El cruce de la información producida permite arrojar conclusiones respecto de los factores principales que explican la crisis actual de los cementerios, y plantea algunas sugerencias, a modo de recomendaciones, para abordar el problema y contribuir a la gestión patrimonial de las necrópolis porteñas.
2. Concepto y valoración del patrimonio funerario
En términos simples, se puede afirmar que patrimonio funerario es todo aquello vinculado a la muerte y sus rituales, sus objetos y acciones.3 Es en los cementerios donde se encuentran la mayor cantidad de bienes culturales representativos del patrimonio funerario. Forman parte de nuestro patrimonio material por sus obras arquitectónicas, sus esculturas y artes decorativas, y además representan un patrimonio inmaterial en torno a las costumbres y prácticas relacionadas con la muerte y los difuntos, desde el momento del fallecimiento hasta su recorrido y permanencia en el camposanto. La conjunción entre el patrimonio material e inmaterial conforma el patrimonio funerario, donde se encuentra parte de nuestra memoria histórica, social e individual, que estamos obligados a conservar para poder transmitirlo a las generaciones venideras.4 En suma, el patrimonio funerario tiene componentes del patrimonio material, de patrimonio intangible y de patrimonio natural. Este patrimonio es expresión de la actividad humana y de su ciclo vital, pues “forma parte de la historia de la humanidad y expresa acciones y sucesos a través de sus prácticas habituales o excepcionales, sirve para construir la historia de las sociedades, y posee un enorme valor afectivo para la sociedad”.5
Diversas son las tipologías de cementerios reconocidas como patrimoniales,6 para el caso de esta investigación se analizarán exclusivamente los cementerios tradicionales chilenos originados en el siglo XIX. Este conjunto de necrópolis se crea a partir de la promulgación del edicto del rey Carlos III en 1787. Este edicto ordenaba que los entierros dejaran de realizarse dentro de las iglesias, como era costumbre, y que se construyeran cementerios fuera de los núcleos urbanos. La medida correspondía a principios higienistas, inspirados en la visión ilustrada de los Borbones, que buscaba impedir los problemas de salubridad que generaban los entierros en los templos o campos adyacentes.
La arquitectura funeraria es uno de los bienes culturales más relevantes de estas necrópolis tradicionales, dado que en los cementerios se aprecian tipologías arquitectónicas poco estudiadas y que definen la situación artística y económico-social de los siglos XIX y XX. Son también las tipologías arquitectónicas una representación de los gustos, estilos, técnicas constructivas y de la cultura urbana de diversas épocas, reflejando a su vez, la expansión de la ciudad y la configuración de la nueva periferia moderna. Su trazado suele corresponder a una trama urbana, configurándose a partir de calles y lotes, llamados secciones, cuarteles o patios, con un vacío principal que suele ser una plaza, y cuentan con espacios para la celebración de diversos cultos, por ejemplo, capillas. Del mismo modo, en los cementerios extramuros se encuentra el mejor y más grande patrimonio escultórico de finales del siglo XIX y principios del XX, reconociéndose una verdadera escuela de escultores y marmolistas que construyeron sus obras tanto en Europa, como en América Latina.7
Los cementerios constituyen también un patrimonio de carácter paisajístico, pues a lo largo de la historia las comunidades humanas han elegido los lugares de sepultura siguiendo criterios vinculados al territorio y a las condiciones geográficas: la presencia de determinadas especies vegetales, los materiales minerales disponibles, la latitud, la localización y la propia morfología del terreno. En el caso de los cementerios extramuros del siglo XIX, destaca la masa arbórea compuesta por especies longevas, de porte elevado, resistentes y perennes, como el ciprés, que dio origen a una tradición paisajística específica y a formas particulares de jardinería y botánica funeraria.8
Desde un punto de vista antropológico y educativo, el cementerio y la arquitectura funeraria pueden considerarse como un gran texto histórico repleto de expresiones culturales. En este sentido las costumbres funerarias populares han sido puestas en valor como patrimonio etnográfico por el campo académico, desde la óptica de la historia de las mentalidades y su relación con la muerte.
El carácter patrimonial asociado a los cementerios es una construcción relativamente reciente, que solo comienza a consolidarse hacia finales del siglo XX. En diversas necrópolis se ha reconocido la densidad histórica de estos espacios, así como las singularidades artísticas y arquitectónicas de sus componentes funerarios. Al ser entendidos como lugares de memoria, los cementerios adquieren un valor patrimonial adicional en tanto depositarios de la herencia cultural de una comunidad y, al mismo tiempo, como elementos que han contribuido a configurar la ciudad moderna. No obstante, a lo largo del siglo XX muchos de estos recintos experimentaron un proceso sostenido de abandono9 lo que generó un importante deterioro en muchos de ellos. Frente a este escenario, diversas organizaciones de la sociedad civil —en contextos nacionales distintos— comenzaron a exigir mejores políticas y formas de gestión que reconocieran el rol social de los cementerios. De este modo, ya entrado el siglo XXI, el patrimonio funerario ha avanzado hacia mecanismos de institucionalización más robustos en el ámbito occidental, que van desde la articulación de redes ciudadanas transnacionales hasta la incorporación de instrumentos de protección legal en escalas locales y nacionales.10 A continuación, se propone un análisis especifico de la gestión del patrimonio funerario en dos casos de estudios de cementerios declarados patrimonio por la legislación chilena, que a su vez son muestra de los primeros cementerios tradicionales de Chile: el cementerio N.º 1 y N.º 2 de Valparaíso.
3. Antecedentes y consecuencias de la declaración patrimonial de los cementerios de Valparaíso
En diciembre de 2005 el Estado chileno declara Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico los cementerios N.º 1, N.º 2 y de Disidentes de Valparaíso, bajo la ley 17288. La declaración reconoce que las tres necrópolis conforman un polígono perfectamente delimitado y continuo, ubicado en el cerro Panteón, que “como conjunto son un referente de creencias, valores y mentalidades de una época, y contienen obras de valor histórico, arquitectónico, escultórico e iconográfico […] dando cuenta de la noción de la muerte y la gestión de sus rituales”.11
Los cementerios del Cerro Panteón, ubicados en la ciudad de Valparaíso, Región de Valparaíso, conforman un conjunto funerario histórico emplazado en la ladera oriental del cerro homónimo, inmediatamente sobre el barrio Puerto y en continuidad visual con el anfiteatro urbano del plan. Integrado por el Cementerio N.º 1, el Cementerio N.º 2 y el Cementerio de Disidentes, el conjunto se organiza en terrazas adaptadas a la topografía abrupta, articuladas mediante muros de contención, escalinatas y pasajes estrechos que estructuran una morfología escalonada característica de la geografía porteña. Su estructura interna combina patios funerarios, cuarteles, nichos perimetrales, mausoleos y áreas de sepultación en tierra, configurando un paisaje estratificado donde coexisten trazas ortogonales heredadas del modelo ilustrado con disposiciones más irregulares condicionadas por la pendiente. Esta configuración espacial, sumada a su posición dominante en el relieve, convierte al Cerro Panteón en un enclave funerario singular dentro del tejido urbano de Valparaíso.
Los tres cementerios fueron fundados en la primera mitad del siglo XIX, en un sector que, para la época, estaba ubicado en las afueras de la ciudad de Valparaíso, cumpliendo con las exigencias higiénicas y normativas para su funcionamiento.12 Específicamente el lugar elegido para el emplazamiento del camposanto fue una pequeña colina ubicada frente al océano pacífico y a la bahía, conocida como cerro Panteón.13
El cementerio N.º 1 o General fue fundado en 182514 y acogió, hasta la promulgación de la Ley de Cementerios Laicos en 1883, sólo a población que profesaba la religión católica, y da cuenta de un pasado ilustre, representado por la gran cantidad de personalidades de la elite política, económica y militar porteña, que contribuyeron no solo al desarrollo local sino nacional.15 Por su parte, el Cementerio de Disidentes o Inglés se fundó en el mismo año 1825, con la intención de recibir a la población no católica,16 como respuesta a la petición del consulado inglés, debido al gran arribo de extranjeros de credos distintos, como protestantes, anglicanos o bautistas en los inicios del siglo XIX. El cementerio N.º 2 se funda en 1845, como respuesta a la creciente demanda de enterramientos, comenzando a funcionar como fosa común para sepulturas bajo tierra, transformándose con posterioridad en un cementerio de la elite porteña,17 y motivó la redacción del primer reglamento de tumbas a perpetuidad, que influyó en la normativa de otros cementerios.18 El desarrollo posterior de los cementerios del cerro Panteón está marcado por la tragedia del terremoto de 1906 en Valparaíso, donde las necrópolis fueron prácticamente destruidas, perdiéndose gran parte de los hitos que caracterizaron al cementerio 1, como la capilla, la torre de reloj y un sinnúmero de mausoleos, estatuas y ornamentos;19 además del desprendimiento por las laderas del cerro de los restos de tumbas, cadáveres y lápidas.
La declaración, impulsada por las autoridades municipales, se gesta en el marco temporal del entusiasmo generado por la declaración de Valparaíso como Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO, en 2003, que corresponde a 23 ha de la ciudad puerto y a 44,5 ha definidas con la zona de amortiguación. El Sitio de Patrimonio Mundial, Barrio Histórico de Valparaíso se valora como una ciudad portuaria con un importante desarrollo industrial y comercial durante el siglo XIX, y su valor universal excepcional se relaciona con su arquitectura adaptada a la geografía y el legado de la actividad portuaria. A pesar de ello, enfrenta según UNESCO graves problemas de degradación urbana, gentrificación y tensiones entre el turismo y la habitabilidad.20 Este polígono de 67,5 hectáreas cuenta además con la protección en la categoría de zona típica, de acuerdo con la normativa estatal chilena (Ley de Monumentos Nacionales). Los cementerios del cerro Panteón colindan con el límite del doble polígono de protección, quedando justamente fuera de ambas declaratorias.21 (Fig. 1).
Sin embargo, como se ha señalado las necrópolis del Panteón han sido declaradas Monumentos Nacionales en la categoría de Monumento Histórico por el estado chileno, “lo que significa que cualquier intervención, restauración o mantención u obras de emergencia insertas dentro del predio deben ser autorizadas por el Consejo de Monumentos Nacionales, organismo técnico encargado de la protección y tuición del patrimonio monumental”.22
La aparente paradoja de declarar los cementerios como monumento nacional sin formar parte del polígono UNESCO y de la zona típica, se explica por el evidente estado de deterioro de los bienes materiales de los cementerios N.º 1 y N.º 2, que ya se hacía evidente a inicios del presente siglo. La exclusión obligaba, de algún modo, a generar estrategias a mediano plazo, con el fin de incorporar a los cementerios al Sitio de Patrimonio Mundial. Esto explica que en el propio decreto de declaración se señale que los administradores de los cementerios N.º 1 y N.º 2 y de Disidentes habrían elaborado un proyecto de gestión que implicaba un trabajo conjunto “para acceder a archivos de valor histórico, la confección de un catastro de las obras contenidas en ellos, el desarrollo de publicaciones de difusión y la elaboración de un expediente técnico que contemple el diseño de un plan de manejo, la reglamentación, la protección y la mantención de los tres cementerios”.23 (Fig. 2).
Como se lee, en la declaración se hace explícita la necesidad de contar con un trabajo de gestión que despliegue acciones en materia de diagnóstico catastral, conservación de archivos, manejo para la salvaguarda e intervención controlada de los cementerios y estrategias de difusión.
Sin embargo, a 20 años nada de eso se ha podido concretar con claridad. Muchos factores han sido causantes de esta parálisis, que ha terminado en una situación de grave deterioro de los cementerios N.º 1 y N.º 2. El caso del Cementerio de Disidentes, que tiene una administración privada, no presenta un deterioro significativo y su gestión dista de los problemas asociados a la gestión municipal de los cementerios N.º 1 y N.º 2. Dada su naturaleza particular, este caso será abordado en otra parte de la investigación.
4. El proceso de Patrimonialización
4. 1. Breve recorrido histórico de la gestión patrimonial de los cementerios de Valparaíso
Si bien durante el impulso inicial de la declaración de los camposantos del Cerro Panteón se reconoce, en el propio decreto, la necesidad de acompañar la protección con la generación de instrumentos de inventariado y manejo de las necrópolis, este anhelo no se logró concretar. El no reconocimiento por parte de UNESCO de la zona de Panteón como parte del sitio patrimonio mundial dejó a los tres cementerios en una situación desmejorada respecto a la generación tanto de instrumentos de gestión como de financiamiento. En este escenario de incertidumbre el problema de la administración del patrimonio funerario se vuelve una problemática central que incide en la actual condición de riesgo en que se encuentran los bienes culturales de los dos camposantos. Pues a esta falta de gestión y financiamiento se suman los recurrentes movimientos sísmicos, la condición de borde costero cuya humedad afecta la materialidad de las sepulturas, y el abandono de la zona urbana donde están emplazados, lo que propicia actos de vandalismo y hurtos recurrentes.24
Como se mencionó, la administración de los cementerios N.º 1 y N.º 2 es actualmente municipal, a través de la Corporación Cultural de Valparaíso (CORMUVAL); por su parte el Cementerio de Disidentes es administrado por una Corporación de derecho privado.
Para el caso de la administración de los cementerios municipales, se hace necesario mencionar brevemente su historia. Originalmente, en su fundación en los albores del siglo XIX, los camposantos fueron administrados por las Juntas de Beneficencia, que fueron organizaciones que asumieron un rol en la administración de cementerios públicos y la asistencia social, especialmente tras la promulgación de la ley de cementerios civiles en 1883,25 que secularizó la administración de los espacios de sepultura, apartando, no sin inconvenientes, la gestión de la Iglesia.26
Con posterioridad, la administración de los cementerios públicos pasó a manos del Ministerio de Salud Pública y Previsión Social. Luego, en 1970 derivó al Servicio Nacional de Salud en Chile mediante la promulgación del Decreto 357, que establece el Reglamento General de Cementerios.27 En ambos casos este ciclo corresponde a una administración concentrada en el Estado central, en particular en el sector del aparato público responsable de Salud.
Sin embargo, esta situación cambió posteriormente, ya que la Ley 18096, de 1982, traspasó la administración de los cementerios situados dentro de sus respectivos territorios comunales a las municipalidades. Ello, en el contexto de la política de municipalización promovida por la dictadura cívico- militar, que implicó un proceso de descentralización y externalización de servicios públicos estratégicos a los gobiernos locales, a través de la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades.28 A la par con esta nueva responsabilidad municipal en materia de administración de camposantos “entró en vigencia el Decreto Fuerza de Ley N.º 1-3063, que en su artículo 12 abrió la posibilidad que los municipios constituyeran corporaciones, personalidades de derecho privado que permitieron administrar con mayor flexibilidad y autonomía estos servicios”.29
Es así como desde 1982 hasta la actualidad, la responsabilidad de gestión de los bienes patrimoniales presentes en los cementerios N.º 1 y N.º 2 recae en la CORMUVAL. En este caso la Corporación Municipal debe hacerse cargo también del cementerio N.º 3, conocido como Playa Ancha. Junto con esta responsabilidad, la Corporación debe también administrar la atención de salud primaria y el aseo municipal.
En este contexto, una de las principales problemáticas es el financiamiento para el mantenimiento de los camposantos, toda vez que sólo el cementerio N.º 330 se encuentra completamente activo en la prestación de servicios funerarios. Según datos proporcionados por CORMUVAL,31 el cementerio 3 subsidia a los otros dos cementerios municipales, ya que, a diferencia de estos, recibe 30000 visitas al mes y seis enterramientos diarios promedio. En el caso de los cementerios N.º 1 y N.º 2 la función funeraria es casi inexistente, además que el cementerio N.º 1 se encuentra cerrado al público general, debido al riesgo de derrumbe que presenta el monumental pórtico de acceso. Según levantamiento crítico realizado entre abril y julio de 2018 el estado de conservación del pórtico es malo, debido a la oxidación de las enfierraduras, que deja en evidencia la magnitud de la lesión que afecta la estabilidad estructural del pórtico. En el mismo nivel crítico se encuentra las grietas y desprendimiento del revestimiento, afectando elementos estructurales y ornamentales.32 (Fig. 3).
Según la información entregada por CORMUVAL al cementerio solo accede el público cuando se trata de alguno de los escasos funerales que se realizan, uno o dos por mes. Si a esto añadimos que muchas de las familias de la burguesía porteña de principios del siglo XIX ya no cuentan con herederos que puedan hacerse cargo del mantenimiento de mausoleos,33 y la imposibilidad de ampliar los cementerios, por las condiciones geográficas del cerro, la sostenibilidad económica de los camposantos se encuentra en una crisis que se arrastra desde la declaración misma. Debido a esto, según la CORMUVAL; el ingreso anual de ambos cementerios por derechos de enterramiento ronda entre 1 y 2 mil dólares anuales, lo que es absolutamente insuficiente para mantenerlos, y menos para una adecuada gestión patrimonial de los mismos.
4. 2. El pedregoso camino posterior a la patrimonialización: iniciativas emprendidas
Pese a este proceso de deterioro progresivo de los bienes patrimoniales de los cementerios N.º 1 y N.º 2, atribuible, como se ha señalado, a varios factores, que pueden resumirse en los más relevantes:
Sin embargo, en estos 20 años han existido algunos esfuerzos por revertir esta situación, que son dignos de relevar como información relevante para abordar la complejidad que significa rescatar este valioso patrimonio nacional. A poco tiempo de la declaración, destaca el estudio pionero de Sandra Aliaga y Alejandra Carvajal en 2006,35 que realiza un catastro detallado del estado de conservación de los bienes culturales del cementerio N.º 1, que contempló la generación de información relevante para el levantamiento del estado crítico de 1.800 sepulturas, en la totalidad de los cuarteles de la necrópolis, mediante la elaboración de fichas del estado de conservación y deterioros existentes. La necesidad de la urgencia del registro parte de la base del reconocimiento de que el patrimonio funerario se encontraba en una situación de riesgo. Como señalan las propias autoras del estudio: “Es importante generar registros del patrimonio funerario en peligro de manera de dimensionar los valores patrimoniales y a futuro sea una herramienta base para el resguardo”.36
También, desde la generación de información útil para fortalecer los planes de interpretación y difusión del camposanto el estudio consideró el rescate e identificación de las tipologías escultóricas, arquitectónicas e iconográficas más significativas. Es importante destacar que la información del estudio se planteó como un complemento aportativo a la declaración, ya que que busca incorporar una interpretación de todos los elementos tipológicos que componen el monumento funerario, con el fin de dotar de mayor especificidad la caracterización de los bienes que son parte del conjunto monumental. Esta misma generación de información es a su vez la base para aportar a una debilidad evidente del proceso de declaración: la usencia de instrumentos de manejo e intervención que, con la validez de los resultados de la investigación, pudiera ser validado por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). Se trata de un estudio pionero, en el cual sus autoras destacan la importancia de las comunidades en el proceso de patrimonialización y de la necesidad de una mirada interdisciplinaria, con el fin de “conservar, resguardar, restaurar su conjunto monumental frente al abandono, robos, falta de plan de manejo de emergencia”.37
Lamentablemente la importante evidencia que este estudio entregaba a poco andar de la declaración no cuajó en información relevante para la generación de planes base para la gestión y manejo del monumento, así como tampoco en instrumentos de intervención ni proyectos de rehabilitación de los bienes.
En estos mismos años posteriores a la declaración se desarrollaron iniciativas desde el mundo académico y desde la institucionalidad municipal en pos de consolidar un corpus de información que permita poner en valor el monumento y contribuir a la necesidad de la generación de planes de interpretación de los cementerios. El trabajo de Stambuk de 2007 es ilustrativo de estas contribuciones, pues sistematiza información de 32 sepulturas de personajes históricos importantes del cementerio N.º 1, identificando los atributos presentes para valorar la historia local y nacional, generando el esbozo de una ruta patrimonial para el camposanto. En la presentación de la publicación, editada por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la CORMUVAL, el alcalde de la época, Aldo Cornejo, señalaba con claridad “El Cementerio N.º 1 fue el segundo creado en Chile y es sin lugar a duda un museo al aire libre de extraordinaria riqueza que no se ha librado de la azarosa vida de un país sísmico ni de la destrucción provocada por la desidia y la insensatez”.38
Aquella desidia e insensatez innominadas; que señalaba el alcalde en 2007, es una triste premonición de lo que ocurriría en la década siguiente a la declaración. El terremoto y posterior tsunami que en 2010 azotó la zona centro sur de Chile no hizo más que agudizar la situación de grave deterioro de los cementerios N.º 1 y N.º 2. Uno de los impactos más significativos, como se ha señalado, fue el daño estructural sobre el pórtico del cementerio N.º 1, que desembocó en la clausura del acceso al público del camposanto hasta la actualidad. El Pórtico de estilo neoclásico, inaugurado en 1922, obra del destacado arquitecto suizo Augusto Geiger,39 es una de las primeras construcciones de hormigón armado de Valparaíso, que tiene una altura de 10 m. de alto. Destacan sus valores constructivos, estéticos y arquitectónicos, pues está compuesto de una galería de columnas aisladas más pilares adosados al parámetro externo e interno del muro perimetral del cementerio, que contienen fustes acanalados, capiteles expuestos en molduras de voladizo sin relleno y basamentos macizos. El pórtico se corona con un entablamento que se estructura con una cercha de madera noble y se ancla a las columnas a través de fijación metálicas. El techoo se compone de un artesonado compuesto de molduras y rosetones; y el pavimento es de mosaicos cerámicos sobre loza de hormigón.40
En el interior del espacio arquitectónico que configura el pórtico está la réplica de la escultura de la Pietá una copia de la obra monumental de Miguel Ángel, recreada por el Studio Scultura Gazzeri, donada y traída de Roma por Juan Brown.41 (Fig. 4).
Para el caso del cementerio N.º 2, el propio Consejo de Monumentos Nacionales el año 2023, ejecutó la reparación de la techumbre del pórtico de acceso y, también, el diagnóstico critico de la techumbre del N.º 1.
Tal como la evidencia internacional ha señalado ha sido desde el mundo académico y desde las propias comunidades y la sociedad civil organizada que se ha promovido mayormente la puesta en valor y la salvaguarda de los cementerios.42 Para el caso chileno la creación de la Red Chilena de Cementerios Patrimoniales en 2007,43 que para Valparaíso contó con el empuje, entre muchos otros investigadores, de la historiadora Ana María Ojeda, que en 2015 publica desde el Archivo Histórico de la Ilustre Municipalidad de Valparaíso el libro Los rasgos culturales de la muerte (1860-1930). La obra de Ojeda, que se puede señalar como capital en materia de los estudios historiográficos sobre la muerte y los cementerios en Chile, aporta con abundante información a la puesta en valor del patrimonio no sólo material sino también inmaterial de las necrópolis porteñas. El mismo año también la sociedad civil organizada, en este caso los Bomberos del puerto, publica un estudio que pone en valor uno de los rasgos distintivos de la cultura funeraria porteña y uno de los principales patrimonios intangibles de los cementerios: los funerales del cuerpo de bomberos.44 Pues, este rito es la única procesión laica de la ciudad, tal como señaló el dibujante Lukas, “hoy sólo los bomberos se entierran al atardecer. Se desfila con antorchas, bandas que tocan aires marciales, bronces y medallas. La ciudad se paraliza, extasiada, a su paso. Es la gran gala de Valparaíso”.45
Del mismo modo ha resultado significativa la presencia de la carrera de Restauración de Bienes Patrimoniales en el Instituto DUOC, sede Valparaíso,46 que se instaló a propósito de la declaración de UNESCO. Esta institución ha contribuido, desde la investigación docente y desde actividades de Vinculación Académica con el Medio, a la articulación con organizaciones de la sociedad civil en materia de difusión, diagnóstico y conservación de los bienes presentes en los cementerios N.º 1 y N.º 2. Sin ir más lejos se llegó a tener un taller de restauración en el interior del cementerio N.º 1, que producto de problemas de control y coordinación finalmente no prosperó, ya que el Consejo de Monumentos Nacionales no tenía control de las intervenciones (entrevista CMN, V región). La creación en 2017 de la agrupación Cultural de Amigas y Amigos de los Cementerios de Valparaíso, genera un nuevo dinamismo a las acciones en pos de la recuperación de los cementerios, logrando articulación entre diversas actorías, supliendo, en parte, el papel de gestión patrimonial de CORMUVAL. En términos sucintos la agrupación ha trabajado en la puesta en valor los cementerios patrimoniales de Valparaíso, especialmente los Cementerios N.º 1 y N.º 2, promoviendo su conservación y restauración, en colaboración con instituciones como el Consejo de Monumentos Nacionales, la Carrera de Restauración de DUOC, el Parque Cultural de Valparaíso y diversas organizaciones territoriales. En materias de divulgación ha organizado seminarios, exposiciones y publicaciones.
En la presentación del libro de Ojeda en 2015, el para entonces alcalde de Valparaíso, Jorge Castro, da cuenta de la pasividad de la institucionalidad patrimonial a 10 años de la declaratoria señalando que “nuestra historiadora ha convocado a profesionales chilenos a encuentros internacionales y jornadas nacionales, logrando así poner en discusión la gestión y planes de manejo de los cementerios, materias tan específicas y pocas veces abordadas por las municipalidades”.47 Esas décadas de desidia municipal que reconoce pasivamente la inoperancia en materia de gestión patrimonial, fueron acompañadas de graves situaciones generadas por la falta de control y seguridad de los bienes.48 El hurto y la decapitación de esculturas, el robo de mármol y lápidas, el grafiti en los muros y la propia inseguridad del sector terminó generando una situación de emergencia que finalmente terminó en la generación desde el propio Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (SERPAT) de un estudio diagnóstico cuyo fin es lograr la rehabilitación del Cementerio N.º 1. (Fig. 5).
Se trata del estudio “Proyecto Mejoramiento integral del Cementerio N.º 1 de Valparaíso”, iniciativa del Departamento de Gestión de Proyectos Patrimoniales de la Dirección Regional de Valparaíso del SERPAT, elaborado en 2022, elaborado por Carolina Sepúlveda y Camila Fuenzalida . La iniciativa surge a partir de la solicitud de apoyo técnico emanada desde la Dirección de Gestión Patrimonial de la Municipalidad de Valparaíso y de la propia CORMUVAL. Se plantea la postulación al Fondo de Puesta en Valor del Patrimonio Cultural del Fondo Nacional del Desarrollo Regional, para las etapas de diseño y ejecución. Las intervenciones propuestas consideran áreas de propiedad municipal, mausoleos y tumbas de propiedad sin fines de lucro y sepulturas de propiedad privada donde se pueden realizar trabajos en fachadas y ornamentos.49 Hasta 2025 el proyecto, por diversas razones, no cuenta aún con aprobación para su ejecución.
5. Valores identificados y lineamientos para un Plan de Interpretación
Se propone una breve síntesis de los elementos de valor de los cementerios considerando trabajo de campo y sistematización de datos secundarios, con el fin de contribuir a lineamientos para un plan de interpretación.
La investigación del SERPAT releva los valores históricos, simbólicos, arquitectónicos, urbanos y sociales de la necrópolis, realizando una síntesis que incorpora mayores y más recientes fuentes de información que el decreto de 2003. Respecto de los valores históricos se señalan 29 personajes relevante todos vinculados al desarrollo económico y político de la ciudad. El valor simbólico está dado según las autoras por la presencia escenográfica del cerro Panteón respecto de la ciudad, por su cercanía al centro y por su visibilidad. Habría que agregar también su valor ritual, pues albergó los funerales y procesiones desde el borde costero hasta los cementerios, por las actuales calle Ecuador (antigua quebrada San José), hasta calle Dinamarca y bajada por calle Cumming (Quebrada de Elías). Particulares resultan también los funerales nocturnos, que se remontan a 1859, con el funeral de Domingo Segundo Espiñeira, miembro de la 3ª Compañía de Bomberos de Valparaíso.50 La notable presencia de esculturas y ornamentos en las sepulturas es, sin duda, uno de los valores simbólicos que dan mayor carácter singular al cementerio, desde la ya mencionada replica de la Pietá, hasta un sinfín de figuras que abarcan simbología cristiana: vírgenes, ángeles, cruces latinas y cruces celtas; y símbolos paganos como cadenas, jarrones, columnas truncadas, relojes de arena alados, antorchas invertidas, pirámides y otros tradicionales de la ritualidad masónica.51
En relación con los valores arquitectónicos y urbanísticos junto con los mencionados pórticos de entrada de los cementerios N.º 1 y N.º 2 diseñados por Augusto Geiger, se valora la presencia de una gran cantidad de mausoleos, con predominio de los estilos neoclásicos y neogóticos,52 “que volumétricamente buscan verticalizar el paisaje urbano, sobresaliendo una sepultura entremedio de la otra, con sus estilos y materialidades”.53 Otro de los elementos que distingue las necrópolis del Panteón es el monumental muro perimetral que los envuelve, serpenteando entre el borde del cerro, calle Dinamarca y los camposantos. Por su parte, el cementerio N.º 2, destaca por su trazado irregular, adaptado a la topografía del cerro, con terrazas y pasillos angostos que ofrecen vistas panorámicas de la ciudad y el puerto. Entre sus características más destacadas se encuentra la variedad de estilos arquitectónicos presentes en sus mausoleos y tumbas, como el neoclásico, gótico, ecléctico y moderno, muchos de ellos construidos con materiales importados y detalles ornamentales de gran valor artístico. También resalta la presencia de tumbas de personajes ilustres y extranjeros que residieron en Valparaíso, lo que da cuenta del carácter cosmopolita de la ciudad en su época de auge.
El valor social de los cementerios del Panteón está indisolublemente ligado a la tradición asociada con los funerales, romerías y procesiones que se realizan desde el siglo XIX. Esta ritualidad entendida como un fenómeno que nutre de cohesión e identidad a las colectividades54 es un componente que contribuyó a la construcción de la comunidad porteña, configurando el imaginario del habitante del puerto. La muerte expresada como hecho colectivo, compartido y visible se manifiesta en el carácter público de los cortejos. Desde 1880, año de aparición de las pompas fúnebres,55 el rito funerario se realizaba de noche en viaje desde la casa del difunto hasta el cerro, donde se realizaba el funeral de madrugada. Si bien esta tradición se interrumpió, se ha mantenido viva, como se ha señalado, por los cuerpos de Bomberos de Valparaíso. El primer funeral nocturno de un voluntario de la Tercera Compañía se realizó en el marco de los sucesos de la guerra civil de 1859,56 que obligó, por seguridad, a realizar la ceremonia de noche. Desde esos tiempos, los bomberos marchan con antorchas que iluminan la noche porteña acompañando al difunto, que reposa sobre el carro de bomberos, en su camino a la ciudad de los muertos.57
Del mismo modo las necrópolis son también reflejo de la diversidad sociocultural de Valparaíso, encontrándose en sus sepulturas a lo más graneado de la burguesía porteña,58 en especial comerciantes, y políticos que impulsaron la Belle Èpoque del puerto. En este sentido, el predominio del mausoleo familiar como tipología característica, es una patente expresión del cementerio burgués del siglo XIX, donde la emergente clase social visibilizó sus alardes de modernización y urbanidad, poniendo de relieve el poder, el lujo y el estatus. De este modo, los cementerios N.º 1 y N.º 2 reflejaron el carácter heterogéneo y cosmopolita de la burguesía de Valparaíso, prolongando la ciudad de los vivos en su reverso: la ciudad de los muertos. Es así como los pórticos monumentales y el monumental muro perimetral son también una forma de expresión de la separación de la ciudad de los vivos de la representación de la eternidad y trascendencia de la necrópolis.
En este sentido el panteón familiar se constituye en un “hecho monumentalizado, al ser el artilugio que mejor expresó el ansia de visibilidad, exhibición y permanencia propia de la burguesía”.59 Este deseo de trascendencia se refleja también en la condición jurídica de las sepulturas, que son propiedad privada y a perpetuidad, tal como se indica en el reglamento pionero del cementerio N.º 2.60 El predominio de la sepultura familiar sobre la individual representa la importancia de la familia en la sociedad burguesa, pues es el mecanismo principal de transmisión de bienes, donde la herencia no solo asegura la continuidad económica, sino también el prestigio y la posición social. Las sepulturas familiares refuerzan esta idea de linaje y permanencia, mostrando que los miembros de una familia comparten no solo la vida, sino también la muerte y el legado. Por mismo que, si bien la presencia de nichos en ambos cementerios es relevante, se encuentran localizados en zonas periféricas de los paños que contienen las necrópolis. El nicho, garantiza la presencia de otros estratos sociales medios o populares, y da cuenta de la tumba individual, más estandarizada que no permite la materialización del anhelo de distinción simbólica de la burguesía. A diferencia del mausoleo familiar “singular y prodigioso, donde se exhibe la representación material de la búsqueda de visibilidad burguesa, priorizando la monumentalidad y lujo por sobre la simetría y regularidad”.61
Sin embargo, esta última tipología funeraria también albergó a la naciente clase obrera porteña. Esta se encuentra en un conjunto de mausoleos colectivos que alojaron a los primeros trabajadores en las nacientes organizaciones sindicales del puerto, que seducidos por los ideales del socialismo y el anarquismo levantaron las primeras organizaciones mutuales y cooperativistas de Chile.62 La importancia del cerro Panteón en la configuración de la identidad porteña se expresa también en los relatos históricos que señalan el recuerdo “del barrio de los cementerios”, con especialización en servicios y comercios, como florerías y marmolerías en su entorno inmediato, además de un ascensor directo al cementerio. La pérdida de la función funeraria de las necrópolis ha diluido la identidad del barrio, permaneciendo en 2025 solo una florería en los inicios de calle Cumming.
6. Breve análisis del estado de conservación general de los cementerios
El estado de conservación general de los inmuebles es deficiente,63 dado el conjunto de condiciones estructurales antes mencionadas, como la presencia de una gran mayoría de tumbas a perpetuidad, las condiciones geográficas del cerro que impiden la expansión horizontal y la deficiente administración municipal. Para el caso del cementerio N.º 1, el estudio del SEPART señala, respecto de los mausoleos y sepulturas, se aprecia una “alta tasa de sustracción de ornamentos y piezas decorativas, derrumbes y fallas estructurales por falta de mantenimiento”;64 hallándose la mayoría en mal estado presentando grietas estructurales, fisuras en fachada, ornamentos rotos y vegetación descontrolada. A ellos se suma que el sector de nichos presenta riesgo de derrumbe después del terremoto de 2010. Gran parte de los pavimentos de hormigón de las zonas de circulación están en mal estado presentado grietas, zonas quebradas y fisuras. El estado de los cerramientos es variable evidenciando una zona de derrumbe del muro frente al sector de los nichos. Los baños se encuentran en mal estado, al igual que lo dicho para el pórtico. Por último, el mausoleo monumental, llamado Patio Portales presenta una condición desfavorable ya que tiene graves daños estructurales, lo que genera peligro de desprendimiento, amenazando las viviendas aledañas y a uno de los hitos más relevantes del camposanto, el Mausoleo Buburizza. Por su parte, el cementerio N.º 2, presenta signos de deterioro en diversas estructuras, lo que ha generado preocupación por su conservación.
En levantamiento gráfico realizado en 2024, que considera la aplicación de una ficha de estado de conservación a una muestra de sepulturas se aprecian grados importantes de deterioro. En el caso del Cementerio Municipal N.º 1, el análisis tipológico se organizó en siete categorías formales, mientras que para el Cementerio Municipal N.º 2 se definieron cinco tipologías. Este nivel de desagregación fue posible gracias al trabajo combinado con fuentes documentales, bibliografía especializada y normativa sectorial, particularmente el Reglamento General de Cementerios del Ministerio de Salud, cuyo marco conceptual permitió precisar criterios de clasificación y jerarquización. Con el fin de operacionalizar este desmembramiento tipológico de manera clara y aplicable al trabajo de campo, se elaboró una herramienta gráfica de visualización, en la que se representaron las tipologías principales y sus subtipologías más recurrentes. Esta matriz permitió orientar la identificación in situ de las unidades funerarias, facilitando su clasificación directa según atributos formales, materiales y constructivos. Asimismo, esta herramienta se integró al proceso de evaluación del estado de conservación, permitiendo asociar cada tipología a un grado de deterioro —bueno, regular o malo— en función de los criterios registrados en las fichas de valoración. De este modo, la clasificación tipológica no solo ordenó la diversidad morfológica del conjunto, sino que también se convirtió en un insumo operativo para el diagnóstico comparado de las condiciones de conservación de ambas necrópolis.65
Desglose tipológico de sepulturas (Figs. 6 y 7):
La inspección realizada en los cementerios municipales N.º 1 y N.º 2 de Valparaíso permitió constatar un conjunto amplio y complejo de patologías que afectan tanto a los elementos estructurales como a los componentes arquitectónicos, ornamentales y materiales de las unidades funerarias. El registro sistemático, aplicado a escala general y particular, evidenció que los estados de conservación clasificados como regular y malo concentran los daños de mayor gravedad, especialmente aquellos que comprometen la estabilidad del inmueble. En numerosos casos se observaron fallas significativas en cielos, pilares, losas, vigas y muros, así como afectaciones directas en los cimientos, lo que revela procesos avanzados de pérdida de sección resistente, fisuración activa y desprendimientos masivos. La exposición de armaduras metálicas, producto del colapso parcial de hormigones y estucos, acelera la corrosión expansiva y profundiza la degradación estructural, situando a varias sepulturas en condiciones de riesgo real de derrumbe o de sustitución total de sus componentes originales.
A este deterioro crítico se suman intervenciones precarias realizadas por usuarios o familiares, quienes, en un intento por estabilizar temporalmente las estructuras, incorporan fierros, placas de zinc, maderas, troncos o incluso escombros. Aunque estas soluciones buscan evitar desprendimientos o sostener elementos debilitados, terminan generando tensiones adicionales, acumulación de humedad y abrasiones que intensifican el deterioro. Además, alteran la funcionalidad del conjunto al bloquear circulaciones, accesos y vanos, afectando la seguridad de trabajadores y visitantes.
En un nivel de daño intermedio se encuentran las patologías superficiales, que si bien no comprometen de inmediato la estabilidad estructural, constituyen un riesgo evolutivo evidente. Entre ellas destacan los desprendimientos y pérdidas puntuales en vanos, accesos, fustes, zócalos, arcos, pisos, molduras, barandas, balcones y pilastras, así como el deterioro de elementos ornamentales —frisos, cornisas, volutas, capiteles, triglifos y vitrales— que presentan erosión, fracturas y pérdida de definición formal. Estas lesiones, asociadas al envejecimiento material y a la exposición constante a agentes atmosféricos, anticipan un proceso de degradación progresiva si no se interviene oportunamente.
Otro fenómeno recurrente es la pérdida, hurto o sustracción de piezas, especialmente esculturas, placas y ornamentos metálicos. La ausencia de estos componentes no solo altera la lectura arquitectónica y simbólica de las tumbas, sino que también debilita su integridad material al dejar expuestos puntos sensibles del sistema constructivo. Esta situación constituye un indicador claro de abandono y desprotección, y contribuye a la aceleración del deterioro general.
Las patologías ambientales, propias de la ubicación costera y de la falta de mantenimiento sistemático, se manifiestan en forma de humedad, filtraciones, eflorescencias salinas, oxidación, corrosión y erosión superficial. La acción combinada del viento, el asoleamiento, el agua y el polvo, junto con la proliferación de vegetación espontánea, genera fisuras, empujes y desprendimientos que afectan tanto a las superficies como a los elementos ornamentales y estructurales. En muchos casos, estas patologías se presentan simultáneamente, configurando un cuadro de deterioro acumulativo que, aunque no siempre compromete la estabilidad inmediata, sí condiciona la conservación futura.
Finalmente, se identificaron patologías de carácter social y cultural, vinculadas a usos indebidos, apropiaciones informales y manifestaciones contemporáneas. Grafitis, rayados, manchas de pintura y otras intervenciones no autorizadas afectan muros, lápidas y superficies ornamentales, alterando la imagen urbana del conjunto y contribuyendo a la percepción de abandono. En algunos sectores, la acumulación de basura o materiales refuerza esta condición y profundiza el deterioro ambiental del sitio.
En conjunto, la diversidad de lesiones observadas —estructurales, superficiales, ambientales, sociales y derivadas de intervenciones precarias— revela un escenario de deterioro multiescalar que afecta tanto a las unidades funerarias como a los espacios de circulación y a la configuración urbana de los camposantos. Cada tumba y cada elemento arquitectónico presenta un repertorio particular de daños que, sumados, configuran un paisaje de desgaste acumulado y de memoria material en riesgo. La multiplicidad de tipologías funerarias se corresponde con una multiplicidad equivalente de patologías, lo que evidencia un proceso prolongado de abandono y la urgencia de estrategias integrales de conservación. (Figs. 8-9).
7. Valoración social y participación de actores sociales relevantes en la gestión patrimonial
Para el componente de valoración social del estudio, se aplicó un instrumento de entrevista semiestructurada a una muestra de informantes calificados previamente identificados en el mapa de actores. Este tipo de entrevista combina un guion básico de preguntas con la posibilidad de profundizar en aspectos emergentes durante la conversación, lo que permite captar criterios, percepciones y experiencias que no suelen aparecer en fuentes documentales. La selección de informantes se orientó a obtener una visión experta y situada sobre el caso, relevante para la interpretación arquitectónica, urbana y patrimonial del sitio.66 La información producida en las entrevistas se organizó en una matriz de vaciado para ser procesada mediante la técnica de análisis de discurso. Esta técnica permite examinar no solo el contenido explícito de las respuestas, sino también los énfasis, categorías y modos de enunciación que utilizan los informantes. Su propósito es identificar patrones, tensiones y criterios compartidos que revelan cómo distintos actores comprenden, valoran y experimentan el espacio estudiado, aportando insumos interpretativos que complementan la lectura arquitectónica y urbana del caso.
En términos generales, el análisis arroja que la valoración social de los cementerios de Panteón resulta ser muy alta, reconociéndose atributos arquitectónicos y artísticos, así como valores históricos, urbanos y culturales.
Entre los valores arquitectónicos se destacan los monumentales mausoleos de la élite porteña y de las asociaciones de trabajadores, cuando Valparaíso era “La Joya del Pacífico”. La gran cantidad de esculturas en forma de estatuas y los detalles ornamentales presentes en muchas sepulturas, además de los dos pórticos, son reconocidos por la comunidad. Los atributos urbanísticos más valorados tienen que ver con la ubicación de los cementerios en la cima del Panteón, que los yerguen como parte del pasaje del puerto, ya que se aprecian desde muchas partes de la bahía: “Se ven desde el plan, los ves desde los otros cerros, desde las terrazas, desde el ascensor” (Representante Red Chilena Cementerios). Del mismo modo, el cementerio es un mirador donde contemplar el puerto y el océano. También se reconocen como reflejo de la particular planificación urbana del puerto como respuesta a su loca geografía “Cuando Valparaíso no estaba planificado este sector fue uno de los primeros que se planificó, lejos del centro y del barrio Almendral, pues estaban al lado de la cárcel, en la periferia” (Presidente JJVV, Población Cochrane). La gran cantidad de personajes históricos que descansan en los cementerios son reconocidos como parte importante de la historia local y nacional: El dibujante Lukas, el almirante Gómez Carreño, Carlos Van Buren, la familia Álvarez, la familia Edwards, la familia Ross, Waddington o Alejo Barrios, son de los más renombrados. Relevante resulta también como las sepulturas dan cuenta de la importante presencia de la migración en el puerto, imprimiendo una identidad multicultural y una vocación de tolerancia cultural y religiosa de la ciudad. Los epitafios en diversos idiomas son un reflejo del crisol cultural que fue Valparaíso en la segunda mitad del siglo XIX.
Sobre el patrimonio intangible los funerales de bomberos son mencionados como el ritual porteño por antonomasia, reconociendo su gran presencia en los cementerios, con los mausoleos de las compañías 3, 9, 10, 8, y 7 además del mausoleo del cuerpo de bomberos central (9ª Compañía Bomberos de Valparaíso). De igual modo, las fiestas religiosas continúan siendo parte de la ritualidad porteña y constituyen ocasiones de visita a los camposantos, especialmente durante el Día de Todos los Santos. En esta fecha, las familias acuden a los cementerios para limpiar sepulturas, renovar flores y realizar actos de memoria, siguiendo una tradición arraigada en la cultura católica que entiende ese día como un momento de encuentro simbólico con los difuntos. En Valparaíso, estas prácticas se complementan con diversas romerías y celebraciones locales que refuerzan el vínculo comunitario con los espacios funerario.
Existe un consenso entre los entrevistados en que ha habido poca o nula capacidad de generar acciones de preservación o rehabilitación de los bienes patrimoniales contenidos en las necrópolis. Las acciones en materia de conservación reconocidas en estos 20 años son escasas y puntuales, como la reparación del pórtico del cementerio N.º 2, el proyecto de restauración integral del pórtico del N.º 1, “que quedó inconcluso por falta de financiamiento” (Experto, Oficina Xiloscopio). Desde el punto de vista de la gestión de la administración se considera insuficiente y “refleja una falta de compromiso institucional con el patrimonio” (Experto, Oficina Xiloscopio). Si bien la declaración es valorada como una acción para controlar amenazas o riegos, se critica la baja inversión y la carencia de instrumentos, lo que hace que las directrices de protección sean “vagas” dado que el decreto es en concreto la única fuente jurídica que define atributos (Académico, DUOC). Un problema recurrente en muchas declaratorias patrimoniales antiguas es que fueron establecidas únicamente mediante decreto, sin contar con instrumentos de gestión, financiamiento ni directrices técnicas que orientaran su implementación. Esta forma de declarar bienes patrimoniales generó figuras de protección nominales, pero sin los marcos operativos necesarios para asegurar su conservación efectiva, lo que ha derivado en vacíos normativos, dificultades de administración y una limitada capacidad de intervención sobre los inmuebles protegidos. Tal como lo señala un entrevistado de perfil técnico: “muchas declaraciones antiguas, pues eran por simple decreto y no había directrices claras” (CMN, V región). Esta carencia de orientaciones en materia de manejo y gestión se ve agravada por la inexistencia de estudios que fundamenten las declaraciones, por lo que se carece de catastros o inventarios de bienes. Sin ellos es imposible pensar en planes de manejo o intervención.
La deficiente gestión se plasma en la total inexistencia de instrumentos de gestión y manejo “Aunque se han realizado estudios críticos y propuestas por parte de algunos organismos, estas no han sido ejecutadas ni recogidas de manera efectiva, y no existe una planificación integral ni lineamientos claros para guiar su conservación y puesta en valor” (Experto, Oficina Xiloscopio). Una iniciativa pionera en este sentido es la elaboración de protocolos de conservación de algunos elementos del cementerio, realizada por la carrera de Restauración del DUOC; que fue entregada al CMN, con el fin de facilitar la tramitación de acciones de preservación. Desde la institucionalidad patrimonial existe conciencia de que el problema de la falta de instrumentos no es exclusivo de los cementerios de Valparaíso. De hecho, uno de los temas que aborda el proyecto de ley de patrimonio que se tramita en el Congreso Nacional, es la obligatoriedad de planes de gestión para las nuevas declaraciones. Del mismo modo, dentro del CMN se creó recientemente la Unidad de Normas que trabaja en la generación de planes de manejo para las zonas típicas67 y en la generación de lineamientos de intervención para monumentos nacionales (CMN, V región).
Paradójicamente, desde la declaración el cambio más significativo que perciben mayormente los actores claves es que los cementerios fueron avanzando en un deterioro que terminó con el cierre total o parcial de ambos camposantos. El tema del cierre afecta al valor social ya que “era el lugar donde la gente iba a descansar, a dibujar, a sacar fotos, a reunirse(..) a contemplar desde los miradores, ósea era un espacio público” (Académico, DUOC).
Los expertos cuestionan críticamente el papel de la Ley de Monumentos en la protección de las necrópolis, ya que se la considera obsoleta, pues faltan mecanismos de inversión, incentivos a los propietarios y disminución de trabas burocráticas.68 La institucionalidad patrimonial es también objeto de cuestionamientos por la tardanza en los tiempos de respuesta, y la baja cantidad de funcionarios, lo que implica lentitud y poca capacidad de control y fiscalización sobre los bienes culturales que cada vez aumentan su número en la región. Se aprecia un impacto negativo de la normativa en la preservación “pues son un obstáculo, ya que incrementan costos y limitan las posibilidades de mejora, al exigir personal calificado y materiales específicos” (Funcionario CORMUVAL).
La coordinación entre instituciones es evaluada como ineficiente, puesto que no se aprecia una colaboración efectiva entre el Consejo de Monumentos y la CORMUVAL. En efecto, desde el CMN de la V región, la coordinación para abordar los asuntos concernientes a los cementerios es con el Departamento de Patrimonio de la Municipalidad de Valparaíso, pues “con CORMUVAL no tenemos mucho contacto directo” (CMN, V región). En este sentido urge la creación de un espacio de encuentro institucional que propicie el diálogo entre los actores implicados. Una posibilidad es que la Corporación Municipal del Patrimonio Mundial opere como ente aglutinador, que permita retomar las confianzas y contribuya a mejorar la sensación de frustración que muchos actores describen como la principal sensación al abordar la problemática de los cementerios.
Las mayores acciones de preservación y puesta en valor han sido desplegadas por organizaciones de la sociedad civil, que ha sido “el verdadero motor detrás de los esfuerzos de preservación, a pesar de la falta de apoyo institucional” (Representante Organización Patrimonial). En particular, los relatos destacan las iniciativas de la Agrupación Cultural Amigos de los Cementerios69 y la carrera de Restauración del DUOC.70 El aporte desde el mundo académico no se reduce solo al DUOC, muchos programas de las importantes universidades que existen en la región de Valparaíso71 han realizado trabajos de investigación diagnósticos, tesis de pre y posgrado que no se encuentran sistematizados ni organizados en un repositorio de información que permita evitar la dispersión de información que hoy existe. La labor de las compañías de bomberos en el mantenimiento de sus mausoleos, así como en la difusión de los valores históricos e inmateriales también es un aporte de las organizaciones de la sociedad civil al patrimonio funerario de Valparaíso. De hecho, se ha creado recientemente el Departamento de Patrimonio Cultural del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso. Sin embargo, pese a que la organización está articulada con la Corporación Patrimonial de Valparaíso,72 la coordinación con CORMUVAL es nula (Representante 9° Compañía Bomberos).
En materia de comunicación y difusión de los cementerios como hitos patrimoniales de la ciudad, la administración es evaluada deficientemente. No existe señalética urbana, que motive la visita de turistas y de la comunidad local a visitarlos, no hay tampoco señalética en el interior de las necrópolis que facilite la formalización de rutas históricas.73 Ahora bien, desde la sociedad civil organizada se han diseñado rutas turísticas, paranormales, educativas y patrimoniales para los tres cementerios municipales, pero su implementación es esporádica. El cierre parcial y total de los camposantos dificulta cualquier estrategia comunicacional efectiva ya que decinsentiva que por el contrario desincentiva el uso educacional, turístico o recreacional de las necrópolis. Como señala un propio funcionario del cementerio “El horario de atención y los números de teléfono están desactualizados, lo que genera confusión entre los visitantes. Es necesario implementar estrategias más claras y accesibles para mejorar la experiencia del público” (Funcionario CORMUVAL).
Lo que aparece como urgente de resolver son los problemas de la infraestructura con riesgo de derrumbe, como las grietas en los pórticos, la techumbre y algunos mausoleos. Del mismo modo urge abordar los deslindes donde el cerro ha cedido. La falta de control y seguridad dentro del cementerio y en el perímetro deben ser abordadas con la reposición de los servicios de seguridad en los camposantos y con un plan integral de regeneración del entorno del barrio. La nula gestión patrimonial de la CORMUVAL es para los actores un problema a resolver de forma urgente pues falta “una gestión integral que incorpore por ejemplo un plan de negocios, donde incorporar más nichos para recuperar la función funeraria y allegar recursos” (CMN, V región). Como sea, dicen los relatos “el administrador es finalmente el responsable de salvaguardar el patrimonio. El municipio ha estado ausente en la implementación de planes y no ha mostrado compromiso con el patrimonio. El CMN tuvo una participación limitada, mientras que la administración del cementerio ha sido ineficaz por los constantes cambios” (Dirigente organización social).
El potencial percibido mayormente es turístico, pues se considera que ambos cementerios son museos históricos al aire libre, que a su vez son áreas verdes importantes para el barrio del puerto y la zona de amortiguación de la UNESCO. La idea de parque cultural, como plataforma de activación de artes escénicas o actividades culturales, también es un imaginario futuro recurrente. Su ubicación es estratégica en cuanto está rodeado de elementos de valor cultural como el Parque Cultural Ex Cárcel, el ex consulado de Dinamarca y el Ascensor Reina Victoria. Sin embargo, uno de los problemas a resolver es mejorar la accesibilidad para llegar a los camposantos, y dentro de los mismos también. En este mismo sentido, para los residentes la percepción de abandono del sector se agudiza por el cierre de los cementerios, a lo que hay que sumar que el parque Cultural Ex Cárcel es también percibido como “un espacio cerrado, que cuando se convirtió en Parque Cultural74 la gente dejo de ir, sintiéndolo un poco ajeno, dejando de ser parte del barrio” (Dirigente Junta de Vecinos Cochrane). La inseguridad que se percibe en la zona se explica entonces por la presencia en términos perceptuales de un conjunto de grandes contenedores inaccesibles que contribuyen con sus muros ciegos y espaldas monumentales al escaso uso comunitario, que sumado a la mala iluminación de calle Dinamarca es caldo de cultivo de usos marginales y abandono progresivo. La activación de los cementerios como espacios para la cultura comunitaria sería una posibilidad de uso y renovación, que a su vez podría marcar una distinción de la oferta más institucional de la Ex Cárcel. Un relato común es que los cementerios no se integran en el contexto local ni logran articularse con los elementos de valor cultural y turístico cercano. La inversión en el espacio público del entorno barrial es fundamental para regenerar la zona y activar el sector de acceso a las necrópolis.75
8. Conclusiones y recomendaciones. Miradas críticas a la gestión de un patrimonio en riesgo
El diagnóstico evidencia que los cementerios del Cerro Panteón atraviesan un estado avanzado de deterioro, resultado de un prolongado abandono institucional y de la ausencia de políticas sostenidas de conservación. A pesar de su condición de Monumento Nacional, la capacidad de implementar acciones de preservación ha sido mínima durante las últimas dos décadas, limitándose a intervenciones puntuales sin continuidad programática. Uno de los factores estructurales que explica esta situación es la exclusión del sector Panteón del perímetro reconocido por UNESCO, lo que dejó a las necrópolis sin acceso a instrumentos de planificación, lineamientos de manejo ni estrategias de financiamiento asociadas al sitio patrimonial. A ello se suma la debilidad presupuestaria de la administración municipal, cuya baja recaudación por servicios funerarios restringe severamente la gestión del conjunto. Tampoco se han desarrollado modelos de gestión que definan una vocación clara para los cementerios, ya sea mediante la reactivación de su función funeraria —por ejemplo, a través de proyectos de redensificación— o mediante su reconversión como espacios culturales, educativos o turísticos. Este vacío estratégico se ve agravado por factores ambientales y urbanos: sismos recurrentes, humedad propia del borde costero y un entorno barrial degradado que favorece el vandalismo y la inseguridad.
Pese a este escenario, la valoración social de los cementerios es alta. La comunidad reconoce en ellos un conjunto significativo de atributos arquitectónicos, artísticos, históricos y paisajísticos, así como prácticas y memorias de carácter intangible. Sin embargo, la protección legal se percibe como insuficiente: la Ley de Monumentos no provee mecanismos de inversión, incentivos a propietarios ni procedimientos ágiles, lo que encarece las intervenciones y dificulta la fiscalización. La falta de estudios técnicos que respalden las declaratorias —como catastros o inventarios actualizados— profundiza la fragilidad del sistema de protección.
La coordinación interinstitucional también aparece como un punto crítico. La relación entre el Consejo de Monumentos Nacionales y la administración local es evaluada como débil, lo que contrasta con el rol activo que han asumido organizaciones de la sociedad civil en materia de preservación y difusión del patrimonio funerario.
En el ámbito de la comunicación patrimonial, la situación es igualmente deficitaria. No existe señalética urbana ni dispositivos interpretativos al interior de los cementerios que permitan articular recorridos o integrar estos espacios al paisaje cultural de la ciudad. El cierre prolongado de los recintos limita aún más su potencial educativo y turístico.
Las prioridades de intervención se concentran en resolver riesgos estructurales —grietas, desplomes, fallas en pórticos, techumbres y mausoleos— y en estabilizar zonas donde el terreno ha cedido. Asimismo, se requiere restablecer condiciones básicas de seguridad y desarrollar un plan de regeneración del entorno inmediato, cuya degradación ha contribuido a la pérdida de uso comunitario y al deterioro progresivo del sector.
Finalmente, el estudio confirma que los cementerios poseen un alto potencial de desarrollo turístico y cultural. Su condición de museos a cielo abierto y su aporte como áreas verdes los posicionan como recursos estratégicos para el barrio Puerto y su zona de amortiguación. No obstante, aún no logran integrarse al tejido urbano ni conectarse con los circuitos culturales y turísticos de Valparaíso, desaprovechando una oportunidad significativa para su puesta en valor.
El proceso de patrimonialización de los cementerios del Cerro Panteón revela una profunda asimetría entre el reconocimiento simbólico de su valor y la capacidad real del Estado —tanto local como central— para sostener su conservación. La declaratoria de Monumento Nacional, aunque relevante como acto de protección formal, no se tradujo en instrumentos de gestión, financiamiento ni planificación que permitieran orientar intervenciones sistemáticas. Esta brecha estructural ha dejado a las necrópolis en un escenario de vulnerabilidad, donde la protección jurídica opera más como un marco declarativo que como una herramienta efectiva de resguardo.
La debilidad normativa del nivel central constituye otro elemento crítico. La Ley de Monumentos, sin mecanismos de inversión, incentivos a propietarios ni procedimientos ágiles, dificulta la gestión de bienes complejos como las necrópolis. La ausencia de catastros, inventarios y estudios técnicos que fundamenten las declaratorias refuerza esta fragilidad, dejando a los cementerios sin herramientas operativas para orientar su manejo. A ello se suma la falta de coordinación entre el Consejo de Monumentos y la administración municipal, lo que genera vacíos de responsabilidad y una gestión fragmentada.
En conjunto, estos factores muestran que la patrimonialización de los cementerios ha sido impulsada más por la acción comunitaria que por políticas públicas robustas. La protección efectiva del conjunto requiere superar la lógica declarativa y avanzar hacia un modelo de gobernanza patrimonial que articule capacidades estatales, recursos financieros y participación social. Solo así será posible transformar el reconocimiento simbólico en un proceso de conservación sostenible que restituya a los cementerios su lugar como espacios significativos del paisaje cultural porteño.
Se recomiendan algunas acciones relevantes en materia de gestión:
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1 HERRERA, Ethel, “Una metodología para estudiar cementerios patrimoniales”, Boletín de Monumentos Históricos, 19 (2020), pp. 7-22.
2 VALENCIA, Marco, “Gestión del patrimonio funerario. Factores determinantes en el caso del Cementerio General de Santiago de Chile”, Sophia Austral, 27, 13 (2021), pp. 1-35.
3 CECI, Patricia, Patrimonio del más allá. Introducción al conocimiento del Patrimonio Funerario, CreateSpace, Amazon, 2016, p. 14.
4 VALENCIA, Marco , “Gestión del patrimonio funerario...”, p. 7.
5 CECI, Patricia, Patrimonio del más allá..., p. 14.
6 En la literatura especializada se reconocen otras tipologías de cementerios de valor patrimonial, distintos a los cementerios generales originados en el siglo XIX. Por ejemplo: cementerios indígenas, cementerios de valor arqueológico, cementerios en iglesias o en campos benditos adyacentes, cementerios de valor paisajístico. Ceci, Patrimonio del más allá. 31-32. Para el caso chileno se han protegido bajo la ley de monumentos nacionales, junto con los cementerios tradicionales; a los cementerios indígenas declarados la mayoría en el siglo XXI, los cementerios de estancias de colonizadores del extremo sur de Chile declarados en la década de 1970 y los cementerios de los poblados mineros del extremo norte. MIRANDA, Carolina, Historia del Cementerio de Santa Inés. Viña del Mar, Valparaíso, Almeldral Impresores, 2022, pp. 22–23.
7 BERMEJO, Carmen, “Mensajes desde el más acá: plástica y simbología en los cementerios contemporáneos”, en RAMÍREZ-SÁNCHEZ, Manuel y RODRÍGUEZ-MARÍN, Francisco (eds.), Cementerios patrimoniales y turismo: Una visión multidisciplinar, Madrid, Síntesis, 2020, p. 22.
8 CECI, Patricia, Patrimonio del más allá..., p. 42.
9 Hemos indicado en otra parte algunas de las causas del abandono de los cementerios decimonónicos: los cambios culturales del ser humano ante la muerte, la crisis de la religión católica y el aumento en la incineración; y desde una perspectiva política, las crisis de administración y financiamiento producto del traspaso desde la institucionalidad central o regional a los gobiernos locales. Por último, la crisis económica derivada de la dificultad de mantenimiento de tumbas y mausoleos de la vieja burguesía decimonona, además de la masificación de arriendo de sepultaciones de corto plazo y las sepultaciones de densificación vertical y el aumento de la demanda por cementerios parques. Ver, VALENCIA, Marco, “Gestión del patrimonio…”, p. 4.
10 VALENCIA, Marco “Gestión del patrimonio…”, p. 4.
11 Ministerio de Educación [MINEDUC], Chile, Decreto 1797 exento de 28 de noviembre de 2005 (declara Monumento Nacional [...] los Cementerios N.º 1 y N.º 2 de Valparaíso y el Cementerio de Disidentes, ubicados en la comuna y provincia de Valparaíso), p. 1, https://www.monumentos.gob.cl/documentos/decretos/decreto-no-1797-2005 y/o https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=245474
12 OJEDA, Ana María, Los rasgos culturales de la muerte (1860–1930). Cerro Panteón, Valparaíso, Valparaíso, Ilustre Municipalidad de Valparaíso / Dirección de Gestión Patrimonial, 2015, p. 76.
13 ROJAS, Montserrat, “Degradación y olvido. Cementerios patrimoniales del cerro Panteón de Valparaíso y la problemática de su conservación”, Revista Planeo, 50 (2023), p. 2.
14 Previo a la existencia de los cementerios en Valparaíso se enterraba a los muertos de las familias adineradas en los terrenos adyacentes a las iglesias, a los sectores populares en hoyos en las quebradas deshabitadas y a los extranjeros al fondo del océano. SEPÚLVEDA, Carolina y FUENZALIDA, Camila, Mejoramiento integral cementerio N.º 1 de Valparaíso. Estudio a nivel de perfil etapa de diseño, Valparaíso, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural / MINCAP, 2022 (informe inédito).
15 Un listado detallado de algunos de los personajes históricos relevantes del cementerio N° 1 se encuentran en el libro de Stambuk, que identifica 32 personajes: STAMBUK, Patricia, Voces del Panteón. Historias y personajes del Cementerio N.º 1 de Valparaíso, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2007; y en el citado estudio de Sepúlveda y Fuenzalida de 2022, dónde, según registros de la municipalidad, se encuentran 29 personajes históricos relevantes.
16 Al estar regidos por la Iglesia Católica y normados por el derecho canónico, los cementerios eran considerados lugares sagrados, por lo que la autoridad religiosa definía quienes podría ser sepultados en dichos terrenos. MAYER, Alberto, Cementerios de Disidentes y Ley de Inhumación. El pedregoso camino a una sepultación digna (1819–1883), Santiago, Universidad Adolfo Ibáñez, 2013, p. 2. De este modo, se excluía a todos los culpables de crímenes doctrinales, llamados genéricamente como ‘disidentes’. Entre ellos figuraban “apóstatas, que habían renunciado a la iglesia católica, protestantes, judíos, musulmanes, aquellos que vivían públicamente en concubinato, ladrones, sacrílegos, usureros, párvulos sin sacramento del bautismo y quienes no daban señales de penitencia previas a la muerte”. LEÓN, Carlos, El Cementerio de Disidentes de Concepción. Una lectura cultural 1883–1929, Santiago, Ediciones Historia Chilena, 2019, p. 19.
17 OJEDA, Ana María, Los rasgos culturales de la muerte..., p. 76.
18 MINEDUC, Decreto 1797 exento, p. 1.
19 SEPÚLVEDA, Carolina y FUENZALIDA, Camila, Mejoramiento integral..., p. 6.
20 Se identifican problemas en la gestión patrimonial, como la falta de estrategias de conservación sostenibles, dificultades para integrar a las comunidades y amenazas por el cambio climático. Para fortalecer la gestión del Sitio Patrimonio Mundial, misiones de asesoramiento de ICOMOS han recomendado fomentar estrategias de financiamiento sostenible, mejorar la infraestructura turística sin comprometer el Valor Universal, avanzar en propuestas de reutilización adaptativa, participación ciudadana en la conservación y redefinición de zonas de amortiguamiento. Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (SERPAT). Informe estado de conservación. Área Histórica de la Ciudad Puerto de Valparaíso, 2024.
21 La extensión de los cementerios de Panteón alcanza una superficie total de 5,6 ha, correspondiendo 2,6 ha al cementerio general o N.º 1, 1,5 ha al cementerio N.º 2 y al de Disidentes, 1,5 ha.
22 ROJAS, Montserrat, “Degradación y olvido...”, p. 2.
23 MINEDUC, Decreto 1797 exento, p. 1.
24 NAVEILLÁN, María y SOTOMAYOR, Javiera, “Gestión turística patrimonial en la puesta en valor en los cementerios municipales de Valparaíso, Chile. Caso cementerio N.º 1 y N.º 2 de Valparaíso”, en Actas del XX Encuentro de Cementerios Patrimoniales, Málaga, Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, 2019, pp. 1-20.
25 Sobre el asunto de la disputa política entre el Estado y la Iglesia por la cuestión de los cementerios, hay una detallada descripción analítica en varias obras historiográficas, entre ellas se recomiendan los libros LEÓN, Marco, Sepultura sagrada, tumba profana. Los espacios de la muerte en Santiago de Chile, 1883–1932, Santiago, Ediciones Historia Chilena, 2017, pp. 41-88 y LEÓN, Carlos, El Cementerio de Disidentes..., pp. 92-116.
26 MIRANDA, Carolina, Historia del Cementerio de Santa Inés..., p. 15.
27 ROJAS, Montserrat, “Degradación y olvido...”,p. 2.
28 La Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades de 1982 implicó un importante traspaso de servicios públicos desde el nivel central hacia los municipios, como parte de un proceso de descentralización administrativa promovido por el régimen militar. Este traspaso buscaba que las municipalidades asumieran un rol más activo en la gestión local, aunque bajo fuerte supervisión del Estado central. El traspaso de los establecimientos educacionales públicos y los servicios de atención primaria de salud son ilustrativos de esta política. Ver, VALDIVIA ORTIZ DE ZÁRATE, Verónica; ÁLVAREZ VALLEJOS, Rolando y DONOSO FRITZ, Karen, La alcaldización de la política. Los municipios en la dictadura pinochetista Santiago, LOM Ediciones, 2012, pp. 31-48.
29 ROJAS, Montserrat, “Degradación y olvido...”, p. 4.
30 Fundado en 1887 en el sector de Playa Ancha, de una superficie muy superior a los otros, 16 has, y que no cuenta con declaratoria patrimonial.
31 Entrevista a ex director de CORMUVAL hasta 2024.
32 ALVARADO DAVID, Florencia; ALVARADO DAVID, Valentina y CARE BUGUEÑO, Romyna, “Puesta en valor Pórtico Cementerio N.º 1, Valparaíso, Chile: La concepción de la muerte y su entorno arquitectónico de principios del s. XX”, en RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco José (coord.), XX Encuentro Iberoamericano de Valorización y Gestión de Cementerios Patrimoniales. Los cementerios como recurso cultural, educativo y turístico, Málaga, Universidad de Málaga, 2019, pp. 1-19.
33 Muchos herederos ya no se encuentran vivos y además cabe recordar que, según el Reglamento de Cementerios de 1970, las sepulturas de familia dan derecho a enterramientos del propietario y su cónyuge o familiares ascendientes o descendientes solo hasta la tercera generación; ROJAS, Montserrat, “Degradación y olvido...”, p. 4.
34 Según informe del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) de 2020 el cementerio N.º 1 presenta problemas de asentamiento generalizado y daños en los muros de contención que rodean y confinan la planicie, lo que ha generado que algunos pavimentos presenten desniveles y separación de pavimentos que se adosaban a la parte superior de los muros de contención. Esto último ha permitido que las aguas lluvias penetren en el terreno, saturando los estratos y, por lo mismo, han disminuido las capacidades portantes del suelo.
35 Se trata de la investigación Salvaguardia del Cementerio N° 1 de Valparaíso, FONDART, 2006.
36 ALIAGA, Sandra y CARVAJAL, Alejandra, Salvaguardia del Cementerio N.º 1 de Valparaíso, Santiago, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2007, p. 9.
37 ALIAGA, Sandra y CARVAJAL, Alejandra, Salvaguardia del Cementerio N.º 1..., p. 2.
38 STAMBUK, Patricia, Voces del Panteón..., p. 5.
39 Geiger llega a Chile en 1879 junto con el arquitecto alemán Albert Siegel. A propósito del desastre provocado por el terremoto de 1906 que destruyó gran parte de Valparaíso, diseña importantes obras como el edifico del Mercurio de Valparaíso y el edificio Crillón (Con Siegel).
40 ALVARADO DAVID, Florencia; ALVARADO DAVID, Valentina y CARE BUGUEÑO, Romyna, “Puesta en valor Pórtico Cementerio N.º 1...”, p. 6.
41 Hijo de John Brown Diffin (1808-1877), cuya sepultura de mármol se encuentra en el cementerio N°1. John Brown llegó desde Nueva York a Valparaíso en 1832. Se dedicó al negocio del préstamo con intereses, así como a los seguros marítimos y contra incendios. Fue constructor de obras significativas como el nuevo recinto para la Aduana en 1855. Su mujer Isabel Caces (1825-1916) decidió crear una universidad orientada al comercio y las ciencias aplicadas, dentro de una formación cristiana. Así se creó la Fundación Isabel Caces de Brown, sustento fundamental de lo que es hoy la Universidad Católica de Valparaíso, cuya primera piedra se colocó en 1925. OJEDA, Ana María, Los rasgos culturales de la muerte..., p. 76.
42 VALENCIA, Marco, “Gestión del patrimonio...”, p. 8.
43 Actual Red Chilena de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, vinculada a la red Iberoamericana, que se crea en el año 2000.
44 PIACENTI, Davide y PASSADORE, Ezio, Anoche murió un bombero. Investigación y difusión de los funerales de bomberos de Valparaíso, 1859-2013, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso / Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2013, pp. 1-140.
45 LUKAS [Renzo PECCHENINO], Apuntes porteños: 450 años de Valparaíso, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1978, p. 22.
46 Creada en el año 2007. Todas las fuentes coinciden en señalar ese año como el inicio formal del programa académico, surgido a partir de una colaboración entre Duoc UC, el Instituto Ítalo-Latinoamericano (IILA) y la Municipalidad de Valparaíso.
47 OJEDA, Ana María, Los rasgos culturales de la muerte..., p. 16.
48 Cabe mencionar que la crisis de financiamiento se expresa también en que los cementerios contaban con guardia de seguridad, hoy a 2025 sólo hay dos funcionarios municipales.
49 SEPÚLVEDA, Carolina y FUENZALIDA, Alejandra, Mejoramiento integral..., p. 4.
50 PIACENTI, Davide y PASSADORE, Ezio, Anoche murió un bombero..., p. 14.
51 Sobre la simbología funeraria Masónica ver, ARANCIBIA RAMÍREZ, Héctor, Estudio exploratorio sobre el patrimonio fúnebre de la Masonería en el Cementerio de Disidentes de Valparaíso, Santiago, Gran Logia de Chile, 2023, pp. 3-25; y CECI, Patricia, Patrimonio del más allá..., p. 47.
52 Un interesante aporte a la interpretación de los mausoleos de los cementerios N.º 1 y N.º 2 se encuentra en la obra VV. AA., Miradas patrimoniales. Recorridos por los mausoleos del Cerro Panteón, Valparaíso, Agrupación Cultural Amigas y Amigos de los Cementerios, 2024 que releva 28 sepulturas. La publicación es un aporte a la puesta en valor de la necrópolis.
53 SEPÚLVEDA, Carolina y FUENZALIDA, Alejandra, Mejoramiento integral..., p. 13.
54 HAN, Byung-Chul, La desaparición de los rituales, Barcelona, Herder, 2020, pp. 41-51.
55 OJEDA, Ana María, Los rasgos culturales de la muerte..., p. 16.
56 Hasta 1859 los funerales de bomberos eran a la luz del día. La Revolución de 1859 en Chile fue un levantamiento liberal contra el gobierno conservador de Manuel Montt, que marcó el inicio del declive de la llamada República Conservadora. En el marco de la crisis económica y descontento en las provincias del norte, especialmente en Copiapó, por el centralismo y el uso de recursos mineros sin beneficios locales se alzaron tropas, lideradas por Pedro León Gallo y otros liberales radicales. Tuvo focos en Copiapó, San Felipe, Valparaíso, Concepción, Talca y Chillán. En Valparaíso el director del Tercera Compañía resultó ser nada menos que el hermano del rebelde Pedro León Gallo. La prohibición de la Intendencia a la realización del funeral público del voluntario Espiñeira, fallecido a los 18 años, “implicaría que la compañía acompañaría de igual manera a su fallecido voluntario, para lo cual se convocaría en la madrugada” PIACENTI, Davide y PASSADORE, Ezio, Anoche murió un bombero..., p. 31.
57 PIACENTI, Davide y PASSADORE, Anoche murió un bombero..., p. 5.
58 La burguesía del puerto de Valparaíso en el siglo XIX se consolidó como un grupo dinámico y cosmopolita, estrechamente vinculado al comercio marítimo y a la modernización urbana. Incluía comerciantes chilenos enriquecidos por el libre comercio tras la Independencia, así como inmigrantes europeos (especialmente ingleses, franceses y alemanes) que se instalaron en el puerto atraídos por sus oportunidades económicas, que dominaban el comercio de importación y exportación, la banca y las aseguradoras marítimas. También invirtieron en infraestructura urbana y servicios. Se asentaron en sectores como el Cerro Alegre y Cerro Concepción, donde construyeron viviendas de estilo europeo, fomentado instituciones como clubes sociales, teatros, escuelas privadas y prensa liberal. Además, influyeron en políticas urbanas y comerciales, y algunos miembros participaron en cargos públicos, consolidando su rol como élite dirigente local. Ver entre otros, VARGAS, Juan Eduardo, José Tomás Ramos Font. Una fortuna chilena del siglo XIX, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile / Fundación Mario Góngora, 1988, pp. 77-101.
59 GIMÉNEZ, Celina y SOLA, Natacha, “El Cementerio El Salvador de Rosario (1860–1890). Discursos y prácticas en torno a la muerte”, en BARILE, Celeste y CASTIGLIONE, Cristina (eds.), Morir no es poco. Estudios sobre la muerte y los cementerios, Buenos Aires, Ediciones Continente, 2018, pp. 145–167.
60 Un similar análisis se realiza sobre los panteones familiares del cementerio de San Salvador (1856) de Rosario, en Argentina, donde se señala que el Panteón familiar, a diferencia de la casa, no se fragmenta por las leyes de la herencia, por lo que opera como garantía de real de continuidad de la memoria familiar. Los mausoleos son capillas funerarias que, estructuralmente, remiten a la casa familiar con su puerta a la calle, trasladando su morada de la ciudad de los vivos a la de los muertos. Por ello las familias intentan imprimir en sus panteones la reputación y el prestigio que se le otorgara en vida, utilizando materiales nobles como mármol, granito, bronce o hierro. Y recurriendo a arquitectos renombrados para su diseño y construcción.
61 GIMÉNEZ, Celina y SOLA, Natacha, “El Cementerio El Salvador de Rosario...”, p. 175.
62 MACAYA, Álvaro, “Conformación identitaria obrero artesanal: movimiento artesanal y mutualismo porteño desde la experiencia de la Sociedad Tipográfica de Valparaíso, 1855–1888”, Revueltas, 4 (2022), pp. 100-125.
63 El estudio de Sepúlveda y Fuenzalida de 2022 señala para el caso del cementerio N.º 1 un estado de conservación regular-malo.
64 SEPÚLVEDA, Carolina y FUENZALIDA, Alejandra, Mejoramiento integral..., p. 25.
65 Tipología de elaboración propia basada en el Decreto 357 Reglamento General de Cementerios del Ministerio de Salud, Chile.
66 Se realizaron 15 entrevistas a actores representantes del sector público, municipal y estatal, del sector privado, a organizaciones de la sociedad civil y organizaciones comunitarias vinculadas a los cementerios.
67 Sobre el tema de la gestión patrimonial de las zonas típicas: VALENCIA, Marco, La cuestión patrimonial. Resistencias barriales en la ciudad neoliberal, Santiago, SERPAT, 2021, pp. 5-45.
68 También para algunos expertos resultan obsoletas algunas de las regulaciones establecidas en el código sanitario, así como la fiscalización y control insuficiente de acciones de intervención.
69 Se destacan acciones de difusión y puesta en valor, como rutas y circuitos, creación de visitas guidas, publicaciones y encuentros periódicos.
70 Se destacan acciones de limpieza, levantamiento crítico de algunos bienes, restauración de una columnata y el proyecto de rehabilitación del pórtico.
71 Universidad de Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, entre otras.
72 La Corporación Municipal de Administración del Sitio Patrimonio Mundial de Valparaíso es una entidad público-privada y comunitaria, sin fines de lucro, encargada de administrar el área histórica de Valparaíso, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su objetivo principal es proteger y preservar el valor excepcional de este sitio para las generaciones presentes y futuras.
73 Lo que se realiza en la actualidad con mayor frecuencia son tours nocturnos por encargo.
74 El proyecto de centro cultural en las instalaciones de la antigua cárcel nace como una iniciativa autogestionada de organizaciones comunitarias del sector en la década de los 2000, lo que finalmente, luego de muchos debates, derivó en que la gestión del proyecto pasara a manos de la institucionalidad cultural pública del país, a través del Consejo Nacional Para la Cultura y Las Artes. Este proceso no estuvo ajeno a controversias y conflictos. Parte de estos avatares se relatan en MISLE, Daniela, “Ex Cárcel. El Parque Cultural que alguna vez soñamos”, en SOLÍS, José y VALENCIA, Marco (eds.), Estéticas de la participación, Santiago, Ed. Quimantú / Ed. CEAUP / Universidad Central, 2016, pp. 32-35.
75 Desde el CMN se platea que existe un proyecto municipal del saliente gobierno local, que mejora la condición del espacio público de la calle Dinamarca.
Fig. 1. Cartografía que indica la superficie de la zona típica y la declaratoria de sitio de patrimonio mundial UNESCO de Valparaíso; en contraste con el área de protección de los tres cementerios patrimoniales del Cerro Panteón (en rojo), declarados Monumento Nacional. Elaboración propia a partir de captura de imagen con dron
Fig. 2. Cartografía de los tres cementerios del cerro Panteón. Se identifican los límites de tres cementerios, algunos hitos relevantes del contexto las principales vías de acceso vehicular y peatonal y los criterio de zonificación interior para efectos levantamiento de información. Elaboración propia a partir de captura de imagen con dron
Fig. 3. Daño estructural del pórtico del cementerio N.º 1. Foto del autor, 2024
Fig. 4. Réplica de la Pietá, de Miguel Ángel, cubierta por una estructura de madera para contener el posible
derrumbe del cielo del pórtico del
cementerio N.º 1. Foto del autor, 2024
Fig. 5. Escultura sobre pedestal decapitada en el mausoleo de la familia Prat Chacón, cementerio
N.º 1. Foto del autor, 2024
Fig. 6, izq. Caracterización tipológica de sepulturas del cementerio N.° 1
Fig. 7, dcha. Caracterización tipológica de sepulturas cementerio N.° 2.
Elaboración propia
Fig. 8, arriba. Ejemplo de ficha: Mausoleo en mal estado en el cementerio N.°1
Fig. 9, abajo. Ejemplo de ficha: Nicho en mal estado en el cementerio N.°1.
Elaboración propia